Eduardo Romero Álvarez
DNI: 53.689.334 -C
01 de agosto de 2010
LAS LÁGRIMAS DE HARMONÍA
Dedico este, mi segundo cuento a
los llantos perdidos.
Actos:
Acto 1º Melodía 09
Acto 2º Sin corazón no hay pulso 17
Interludio A: Chimpón y el fantasma 21
Acto 3º Las Puertas de Harmonía 29
Acto 4º La Fanfarria. ¡Oh, los piratas! 33
Interludio B: Arpeggio y Silencio 39
Acto 5: Rapsodia 49
Acto 6º Ronda, la eterna encantada 59
Acto 7º Las Puertas Ding Dong 65
Acto 8º Novena Sinfonía 69
Acto 9º Las lágrimas de mamá 79
Acto final: Buenos días Princesa 85
Acto 1º: Melodía
La brillante luz fue menguando y poco a poco comenzó a distinguir la figura que se movían de un lado a otro. Primero fueron borrosas, luego comenzó a distinguir los colores y al final la imagen terminó haciéndose clara y definida. El sonido distante en la lejanía comenzó a tomar estructura...
- Buenos días Melodía - Dijo una voz suave. Aun seguía tumbada en la cama, blandita como quería ella y de muchos, muchos colores. Su madre junto a ella sentada, le acariciaba el pelo y luego le besó en la mejilla. - Buenos días Melodía - Repitió de nuevo.
Con los ojos muy, muy abiertos comenzó a fijar la mirada sobre aquella bonita mamá.
- ¿Quien....quién eres?
- ¿Vaya, otra vez te has vuelto a olvidar? Soy mamá.
- ¿Mamá?, tu no eres mi mamá.
Su madre tomó un cuadro de la mesita de noche y se la enseñó.
- Has visto, soy tu mamá.
- ¿Esta soy yo? - Señaló con el dedo.
- Claro, y eso que está en tu pelo es tu flor favorita. Una margarita.
- Mamá, no me acuerdo.
- Nada hija, después de comer ya verás como te pones mejor. He preparado tu postre preferido, nueces de melocotón. Um, ¡qué rica! - Digo llevando su mano a la barriguita de la niña. Ella sonrió.
- ¿Está bueno?
- ¿Cómo que bueno?, luego llegarán Arpa y Melopea, y si tenemos suerte vendrá también Acordeón.
- Mamá - dijo mirándole a los ojos -, no me acuerdo. ¿Quienes son, Arpa, Melopea y Acordeón?
- Son tus amigos. No los recuerdas, ¿verdad? No te preocupes. Descansa que voy a preparar la mesa.
Melodía quedó tumbada en la cama mirando hacia la ventana, la luz del sol la atravesaba muy levemente y menos aun las cortinas, pero de vez en cuando un rayito de luz bañaba la cama de la pequeña. Los ojos los puso en ese rayo de luz y durante unos segundos observó las motitas de polvo que quedaban suspendidas en el aire, se movían elegantemente, con ondulaciones y con compás, la mirada la fijó un poco más e intentó tocar con los dedos esas extrañas motitas de polvo. Cuando tocó una de ellas desapareció con un sonido agradable.
- ¡Ay! - Retiró la mano en un gesto involuntario.
- Jeje, es una corchea. Has tocado una corchea. ¿Tampoco te acuerdas de eso?
Ella negó con la cabeza.
- En el aire quedan suspendidas muchas notas musicales perdidas y cada vez que alguien las toca desprenden un agradable sonido. Vamos inténtalo, toca varias notas musicales.
La niña alargó el brazo y tocó una, esta desapareció con un agradable tono. Al principio sintió rechazo, luego comenzó a tocar varias y así estuvo durante unos minutos.
- Qué bonita sinfonía, ¿seguro que no lo recuerdas? - dijo, terminando de poner los platos para los comensales.
- No mamá, no me acuerdo de nada.
La madre se acercó a ella y la incorporó girándola un poquito para que quedara sentada y las piernas pudieran tocar el suelo.
- Mira la casa, ¿no te acuerda de tu casita de música?
- ¡Que bonita!
La niña quedo prendada viendo la casita de mamá, todo era de colores, no había nada repetido, ni las cortinas, ni los vasos, ni los platos. La mesa era de madera y sus patas eras corcheas igual que la nota musical que antes había tocado.
- ¿Te acuerdas ya de algo?
- ¿Mamá por qué la casa esta llena de cosas musicales?
- Hija mía vivimos en el reino de Harmonía. Todo lo que existe en esta tierra nace así. ¿Recuerdas como me llamo yo? A ver, ¿cómo se llama mamá? Dijo sonriendo.
- No me acuerdo, mamá.
- Su madre se acercó al oído y pronunció su nombre.
Melodía abrió los ojos.
- ¡Qué bonito!
Unos golpes secos sonaron en la puerta interrumpiéndolas, madre e hija giraron la cabeza.
- Seguro que son tus amigos.
Su madre se levantó de la cama, Melodía quedó sentada esperando con gran interés a que abriera la puerta. Tranquilamente llego al pomo de la puerta y preguntó.
- ¿Quién es?
- So..so...
- Somos Arpa y Melopea, tonta no te pongas nerviosa....- Dijo dirigiéndose a Melopea.
La madre desde dentro sonrío y asintió a la hija. Con las mismas abrió la puerta. Las pequeñas entraron muy lentamente buscando a Melodía, dieron un par de pasos preguntando por ella...
- Allí está...¡Melodíaaaa!
- ¡Me..Me....lodiaaaa!
Ambas recorrieron los pocos metros que les separaba y girando la mesa saltaron ambos sobre la cama gritando...
- Melodía, Melodía, Melodía....
Mamá cerró la puerta con una sonrisa de lado a lado.
- Buenos días chiquitines. Veo que no hace falta indicaros donde está mi hija.
- ¡No, está aquí! con nosotros, ha vuelto.
- Es...esto....y....mu...mu...muy, conten...ta - Dijo Melopea.
Melodía quedó felizmente sorprendida de cómo eran tan felices sus amigos junto a ella.
- Te has despertado, ¿qué has soñado esta vez? Cuéntame, cuéntame.....
- Si, si, cuen...ta.
- ¿Has soñado otra vez con el monstruo de las pompas sin sonido? o ¿has soñado con la Bruja Sintono?
- No, no me acuerdo. Sólo recuerdo a Pedrito.
Todos dejaron de saltar.
- ¿Pedrito? ¿Qué nombre más raro....es un monstruo?
- No, es un amigo creo.- Dudó llevándose un dedo a la cabeza.
- Pedrito suena a Trompeta de Cartón.
Los niños se llevaron las manos a los dientes....
- Qué...qué mi...mi....mmieeedo.- Comentó Melopea mirándolo todo.
- ¿Trompeta de Cartón?
- Si, si. Melodía, ¿no sabes quien es Trompeta de Cartón?
- No. -, contestó ella.
Arpa saltó de la cama y comenzó a gesticular interpretando un personaje de cuento, como si fuera un teatro.
- Trompeta de Cartón, es un monstruo que se come todas las notas musicales que hay en el aire, y dejan a los niños sin voz para que no puedan hablar. ¡Uuuuuuuuu! ¡Qué miedo!!!!.
- Si, si....qué mmiii...eeedooo.
Melodía sonrió.
- No puede existir un monstruo así. Eso no existe.- Se llevo las manos a la boca y volvió a sonreír.
- ¿Cómo que no? Trompeta de Cartón existe y es un monstruo muy, muy malo - Dijo mientras ponía las manos en jarra.
- Mu...muy....ma...malo. Asintió Melopea.
- ¿Y cómo es ese monstruo?
Ambos amigos se miraron.
- Melopea, ¿cómo es Trompeta de Cartón? ¿Tú lo has visto antes?
Melopea negó.
- No..no...¿y tu...Ar...Arpa?
- No, yo tampoco he visto a Trompeta de Cartón -. La niña miró hacia arriba buscando en su imaginación al monstruo.
- Ah, ya se. Tiene una nariz de trompeta, es de color verde y tiene los dientes del silencio. Además cada vez que toca su nariz te roba la voz y se la queda él, para ¡siempreeeeee! Grito abriendo los brazos.
Melopea asentía como si ella misma lo hubiera visto antes.
Mamá le miró sorprendida y con una sonrisa les preguntó.
- Así que ese monstruo tiene los dientes del silencio.
Al pronunciar esto se giro y dejo descubierto una bandeja llena de galletas de melocotón, que tanto gustaban a Melodía.
- ¡Galletas melocoton! ¡Qué ricassss!!!!
- Va..vamos Melo...día -. Tiraba Melopea del brazo de Melodía con fuerza.
Cuando se sentaron todos, mamá se sentó con ellas.
- Queréis beber agua, la he traído de Fuente Escala.
- Si...si, - dijo tomando el vaso lleno de agua -, que fresquita.
Melodía tomo su vaso repleto de agua y observó con curiosidad como cada gotita de agua reflejaba un tono musical, durante segundos se quedó mirándolos.
- ¿Ocurre algo, Melodía? - Preguntó mamá.- ¿No lo recuerdas tampoco?
Melodía señalo el vaso.
- Si hija, todo, todo lo que nace en este mundo es música, y las gotas de aguas no iba a ser menos. Además un buen vaso de agua esta llena de tonos musicales y te harán más feliz aún si te la tomas poquito a poco, para que tu corazón marque las notas como un diapasón.
Melodía quedo mirando cada gota de agua, luego comenzó a beber. Sus amigas le miraron.
- ¿De verdad que no recuerda nada?
Ella negó con la cabeza mientras bebía.
- Que raro, siempre te ocurre lo mismo.
- ¿Mamá de Melodía? ¿Por que le ha vuelto a ocurrir?
Mamá sonrió.
- Porque ella es especial. Ella es Melodía.
El timbre sonó, esta vez no golpearon la puerta.
- ¿Quien será?
- Acor....Acorde...onnnn.
Tranquila que te vas a atragantar Melopea, come despacio que hay para todos. Arpa cuando escuchó el nombre de Acordeón llevó las manos hacia la bandeja para tomar todas las galletas que pudiera.
- Melodía coge las que puedas, que se las va a comer todas.
La puerta se abrió.
- Buenos días Acordeón.
- Buenos días mamá de Melodía ¿Se ha despertado ya?
- Si amigote, entra.
Acordeón, regordete y con mofletes se acercó para ver a Melodía,
- ¿Eres Melodía?
- Si, ¿quieres una galleta?
Acordeón miró a Melopea y a Arpa que ya tenían en sus manos gran cantidad de galletas y comentó:
- No.
Las niñas se miraron.
- He traído 8 pastelitos que ha hecho mi madre, forma la Rosa de los Vientos, mirad que ricos están; Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do. - Dijo uno por uno.
Acto 2º: Sin corazón no hay pulso
- General. No creo procedente...
Ritmo, el General del ejército de Harmonía con su mirada lo mandó callar.
- Tambor, ¡el problema no es la niña, el problema es la madre! ¿No lo comprendes?, la niña ha vuelto y si es verdad que ha perdido la memoria es algo que tendremos a nuestro favor. Buscad a la madre y a la niña, y no oséis hacerle daño.
- Será difícil, ¿y si oponen resistencia?
El General con el índice en la cara le dictaminó.
- ¿Sabes quién es la madre? No tienes idea del poder que posee. Es la última de nueve hermanas, y tiene tal poder que podría hundir todo nuestro reino. Debes de encontrar a Partitura. Tambor al escuchar ese nombre retrocedió con negación.
- ¿Partitura? Esa mujer es malvada, es perversa.
- ¡Encuéntrala! Dijo abofeteando la cara del soldado.
Tambor calló.
- Lo que mande señor.
- Partitura no tiene corazón, y eso es lo que necesitamos, carece de pulso, y dejó de lado todas las notas musicales. Ella es átona.
- ¿Y por qué es tan importante Partitura?
El General se giró y cruzó los brazos mirando a la ventana.
- Partitura es única, necesita las lágrimas negras para poder escribir las notas musicales en papel y componer, componer la más hermosa obra. Una vez las tiene les roba la esencia para siempre. Nació sin tono y ansía tenerlos todos. Es egoísta, avariciosa, es perfecta para esto.
- Sólo con escucharle me da miedo.
- Ella es mas que miedo, si consigue hacer llorar a la madre podremos robarle sus lágrimas y eso es lo que necesitamos, las lágrimas de la madre, con ellas podremos robarle su esencia, y una vez escrita su poder será nuestro.
- ¿Y la niña?
El se giró con relajado rostro.
- ¿Melodía? Es muy pequeña, no sabe llorar.
- La Princesa Armonía ¿sabe lo que vamos a hacer?
- No, la mitad de las decisiones de este reino no las puede tomar ella, por eso estamos nosotros.
- ¿Saben de nuestro planes Clave de Sol y Barítono?
- No, ni lo deberán saber hasta el día que madre e hija estén delante de Princesa Armonía. Los dos podrían bloquear nuestros planes, recuérdalo bien. Y mucho cuidado con Clave de Sol, esa mujer no habla, es muy observadora. Para algunos es la mujer más inteligente de este mundo.
- Lo se señor, algunos dicen que es capaz de saber lo que piensa con tan solo fijar la mirada sobre ti.
- Puede ser una poderosa aliada o la peor de tus pesadillas. Mucho cuidado, su voz es única.
- ¿En cuanto a Barítono? Ese es problema mío -. Dijo ajustando su batuta al cinturón.
- ¿Si fracasamos?
- Te quedarás sin voz y yo perderé la esencia de la música. Corneta, ¿está haciendo su trabajo?
- Señor, en este preciso instante está informando a Clave de Sol sobre el asunto del “fantasma”.
- Estupideces, nadie se cree eso. He escuchado ese cuento desde que era un niño. Menudas tontería, pero si podemos ganar tiempo por mi, excelente.
- Señor, no creo que sean tonterías. Yo mismo he estado en el subsuelo del castillo y he...
De forma expectante lo mandó callar.
- Tú, no has visto nada. ¿Lo entiendes? O te hago entenderlo a mi manera.
Con sembrada duda en el rostro afirmó.
- ¡Señor! ¡No he visto nada!
- Bien...sigamos con el plan...
Interludio A: Chimpón y el fantasma
- Tras la muerte de la Reina Isocrátima muchos comenzaron a creer en fantasmas, pero que me cuentes esto, es inaudito.
- Clave de Sol, le aseguro que lo escuché. Es cierto. Hay algo bajo el castillo y tengo mucho miedo.- Aquella mujer clavó los ojos sobre Corneta que sintió como su alma era desvelada.- ¿Donde están tus dos transpositores?
Este dudó durante unos segundos sin saber qué decir.
- Están custodiando la entrada de las mazmorras.
Clave de Sol se giró y reclamó a sus lugartenientes.
- Disonancia, Consonancia venid conmigo. Vamos a aclarar esto de una vez por todas.
Altiva se giró y ambas le acompañaron por aquel largo pasillo de gruesos muros. Las antorchas formaban sinuosas figuras que a más de uno se le antojaría siniestras, pero estos tres personajes eran muy difíciles de sorprender. Los pasos firmes y coordinados denotaban un perfecto compás pues parecían que solo una persona caminaba por aquella sala.
- No me creo nada.- Comentó Disonancia.
- Yo creo que algo debe de existir -. Acompañó Consonancia.
Con la mirada puesta al frente y sin dejar de caminar, Clave de Sol comentó a ambas.
- Está mintiendo, pero quiero saber qué es lo que ocurre, no es el único que desde hace días murmulla que ocurre algo bajo el castillo y no quiero un caldo de cultivo que merme la valentía de nuestro compañeros.
- ¿Sabéis algo más sobre Ritmo?
- Está tomando más recursos a medida que pasan los días...
- ...y poder.- Insinuó Disonancia.
Llegaron al final de aquel largo pasillo que terminando en una gran puerta de barrotes unas enorme antorchas daban calidez a aquel frío que desde las entrañas del castillo subía helando el alma de los transpositores. Estos viendo como Clave de Sol llegaba bien acompañada se incorporaron de sus respectivos asientos y las saludaron.
- ¿Y bien? - Su rigidez y firmeza era un rasgo apreciado y odiado por todos los soldado de Harmonia.
- Clave de Sol, seguimos escuchando la voz de una mujer.
- ¿Sabrías decirnos en qué preciso instante? - Pregunto Disonancia.
- Cuando el reloj marca la una de la mañana, comienza una voz a hablar...
- ...si...como si fuera un lamento -. Continuó su compañero.
- Podéis marcharos -. Ordenó Clave de Sol, ambos se miraron.- Tomamos nosotras el mando -.
Una ligera sonrisa de complicidad se apreció en ambos soldados que no dudaron en obedecer la orden. Se ajustaron sus petos y en fila india abandonaron su puesto de trabajo contentos pensando en la posibilidad de tomar algo en la posada Cantarina, justo al lado de la Octava herrería. Marchados estos ya por el pasillo y cuando los últimos pasos fueron ecos de un sonido distante, Clave de Sol tomó su llave maestra y abrió la puerta que llevaba a las mazmorras. El chirrido fue tal que incluso a Disonancia le pareció fuera de lo común, no tenía estructura armónica y de repente aquel lamento las dejó heladas a las tres.
- No digáis nada, lo he escuchado igual que a vosotras -. Comentó con serenidad Clave de Sol.
Ambas hermanas se observaron unos segundos...luego esperaron.
- Lo que me molesta no es el grito sino ese vacío que queda, y poco a poco se va llenando de un susurro....eso es lo que me da más miedo.
- No es un susurro, hermana, es una nana.
- Peor aun me lo pones, ¿quien canta una nana en las mazmorras de Harmonía? -Dejémoslo de tonterías vayamos hacia abajo y veamos quien canta esa cosa tan macabra.
Una pequeña ráfaga de aire volvió a erizar el vello de las presentes. Clave de Sol ajustó mejor su ropa y frotó las palmas de sus manos, tomó su largo y rizado pelo y se lo ajustó a modo de moño con la batuta. - Lo que no existe no puede hacerme daño.
Se alisó su corta falda y comenzó a andar. Poco a poco la oscuridad se hizo mas presentes y si no fueran por las innumerables antorchas que flanqueaban el camino no habría forma posible de ver siquiera a dos pasos de allí. Al finalizar la estrecha escalinata la estancia se hizo más amplia y algo más iluminada.
- ¿Quien viene a encender estas antorchas cuando están apagadas? ¿Alguien las tendrán que encender? - Preguntó Consonancia. - ¿Mantiene alguien esto?
- Ahora no es el momento de hacer estas preguntas. - Los ojos de la altiva mujer dejó de observar lo que le rodeaba y cabizbaja agudizó su sentido auditivo, durante un momento sus ojos observaron hacia la derecha, luego hacia la izquierda -. Disonancia, Consonancia subid y llamad a Redoble.
- Tardaremos bastante en buscarlo.
- Por eso quiero que vayáis las dos, el tiempo de búsqueda se dividirá. Hacedme caso.
Sin mediar palabras y con ágil paso subieron las escalinatas que momentos antes las introdujo en aquel tétrico lugar, cuando los sonidos quedaron mudos, Clave de Sol retiró su batuta del pelo, dejándolo libre.
- Ya puedes salir.
Atravesando la pared apareció una pequeña mujer de rostro jovial y con una eterna sonrisa le saludó con la mano.
- Hola, nunca te he visto por aquí. ¿Cómo te llamas?
Firme como una marcha, con el semblante muy rígido y sin expresión alguna que delatase el profundo miedo que tenía respondió con educación.
- Mi nombre es Clave de Sol, soy la Emeratriz de Harmonía.
- ¿Tienes novio? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos?
Aquellas preguntas relajaron el semblante con una singular sonrisa.
- No.
- ¿Y por qué no, eres una mujer muy bonita?
- Eres un poco extrovertida, esas preguntas son personales.
Como si no la hubiera escuchado volvió a preguntarle.
- Pero, ¿tienes novio? La respuesta es sencilla.
- No me lo puedo creer, estoy hablando con un fantasma.
Aquella jovial chica miró para todos lados.
- Un fantasma... ¿dónde?
- Tú eres el fantasma. ¿Cómo te llamas?
- No, yo no soy un fantasma. Mi nombre es Chimpón, y el fantasma no soy yo, el fantasma es ella.- Dijo señalando al final del pasillo.
- ¿Tú no eres el fantasma?, ¿quién es ella? ¿A quién te refieres?
- Me refiero a la dama de noche, llevo años viéndola.
- Disculpa Chimpón... ¿tú sabes que eres un fantasma?
- Claro, si soy el final de toda obra, o como crees que los niños terminaría un cuento de mejor forma que conmigo. Pero, soy un fantasma bueno. ¿Sabes cuánto son dos y dos?
Clave de Sol abrió los ojos.
- ¿Cuatro?
- Sí.
Chimpón se dio la vuelta y levitando fue en dirección al fondo de aquel amplio pasillo. La emeratriz la siguió desde lejos muy cautelosa y con la batuta siempre en la mano. Sin que nadie la escuchara, con la mano izquierda fue chasqueándola cada cinco pasos y de sus dedos una fusa de color verde caía al suelo dejando un iluminado y peculiar rastro para que otros pudieran encontrarla.
- Oye, ¿dónde vamos?
- No has venido a verme a mí. Si así lo fuera no estarías siguiéndome - se giró -, quieres ver a la dama que susurra ¿o no?
- ¿Cómo es ella? ¿Tiene algún nombre?
Chimpón parada se mordió el labio inferior y sus ojos buscaron en los recuerdos.
- Mejor será que te lo diga ella.
- ¿La conoces desde hace mucho tiempo? ¿Es buena o mala?
La joven fantasma la animó a que continuaran con el paseo gesticulando con la mano, luego le sonrió.
- Venga vamos, es por aquí.
Clave de Sol le acompañó con una sonrisa y continuó caminando junto a ella.
- ¿Te puedo hacer una pregunta personal?
La interpelada paró entusiasmada.
- ¿A mi? ¡Que ilusión! Si, si, pregunta lo que quieras....dime, dime, ¿qué pregunta quieres hacerme?
- Si es verdad que eres Chimpón, debes de estar muy sola, pues tras de ti solo queda el silencio.
- ¿De verdad crees que estoy sola? ¿Y tú quien eres?
- Yo,...pero....pero yo estoy contigo ahora, tu soledad. ¿No te sientes triste?
- No....yo no soy la que está triste. Es ella la que se siente sola.
- ¿Ella? Oye, no será que eres un poco mentirosilla y quieres contarme historias de fantasmas para no sentirte sola.
- Bueno, me gusta mucho la compañía. Siempre que alguien me ve se marcha corriendo y me hace mucha gracia aunque nunca estoy sola. Además de la dama de noche, tengo largas conversaciones conmigo misma. ¿Sabes que es muy divertido hablar con uno mismo? Acabas riéndote bastante o incluso a veces puedes llegar a ganar en una partida de ajedrez, bueno eso sería más una ventaja...
- ¿Has perdido alguna vez jugando contigo mismo?
- Si, la mitad de las veces.- Dijo sonriendo.
El aire entró con fuerza desde el fondo del pasillo que parecía interminable, y el susurro de aquella mujer dejó helada a Clave de Sol, ni ella ni el fantasma osaron hablar hasta que aquella delgada voz terminó de mascullar algo ininteligible e imposible de descifrar. Bastaba con fijar unos segundos en la lejanía para poder distinguir perfectamente como los haces de luz atravesaban parte de la pared de tal manera que parecían iluminar el camino.
- ¿Cómo es posible que la luz entre en esta parte bajo el castillo?
- Es fácil. La dama vive bajo el lago del castillo y esa luz es la que se filtra llegando hasta nosotros. Ah...se me olvidaba, quien construyó el castillo pensó en todo, incluso en esta profunda oscuridad hay unos pequeños ventanales para poder ver el interior del lago y por estos también entra la luz. Ya te dije que nunca estaba sola, a veces hablo con los peces, no son muy habladores pero dan más conversación que las plantas...aunque hay plantas que hablan, ¿tú sabias que existían plantas.....?
La Emeratriz la mandó callar con un gesto. Chimpón se acerco a su oído y le susurró.
- La dama hoy parece estar triste, pero recuerda, hay cosas que la hacen ser feliz.
Clave de Sol fue a comentar algo cuando la joven fantasma se marchó volando iluminando el camino de regreso, observándola desde su posición creyó que discutía con alguien sobre una reina y un rey pero suponer ese tipo de cosas era convencerse a si misma que estaba algo loca. Un pequeño destello la sacó de sus cavilaciones, giró en dirección a este y palideció su rostro al verla.
- ¿Me estabas buscando a mi?
Sin articular palabra la observó de arriba a bajo.
- Hermosura de ensueño, fervura de los hombres y la noche tu elemento.
La susodicha con una ligera sonrisa inclinó su cabeza.
- Gracias. ¿Cómo te llamas?
- Clave de sol.
Esta fue a preguntar cuando aquella mujer que parecía una hechicera tomando ambas alas de su falda se inclinó mostrando sus respetos.
- Ronda, es mi nombre.
Acto 3º: Las Puertas de Harmonía
Los arquitectos de Harmonia seguían construyendo el mayor proyecto de arquitectura de todos los tiempos. Los sostenidos, obreros que trabajaban a gran altura, intentaban crear la estructura más hermosa y sin repetición, La Torre Tocata. Gran cantidad de sostenidos seguían transportando materiales hacia la torre. Desde allí se pretendía crear algo tan alto que cualquiera nota musical que se emitiera pudiera llegar a todo el reino de Harmonía. Mientras, los niños se dirigían a Fuente Escala, para llenar sus cantimploras de fresquita agua, y así contemplar el centro del pueblo.
- ¿Cómo se llama este pueblo?- Preguntó Melodía.
- Con..con...- Intento pronunciar Melopea
- Concierto. -Dictaminó Arpa.
- ¿Qué nombre más raro?
- Si pero es un pueblo muy unido. Cuando hay que construir una casa, todos nos ayudamos y la construimos, si queremos hacer una biblioteca, pues lo mismo, al final el fin es el mismo.
Al llegar a la fuente circular, los niños hundieron los recipientes en el agua y la llenaron. Seguidamente Melodía observó como un grupo de niños, más pequeños que ellos, rodeaban a una mujer mayor y escuchaban con atención lo que aquella mujer decía.
- ¿Quién es esa mujer? Señaló con el índice
- Ella es Sordina.
- Si...si..Sordi...dína -. Repitió Melopea.
Ambos niños se pusieron tristes al verla.
- ¿Qué os pasa? ¿Por qué esas caras?
Mamá apareció desde atrás.
- Melodía, ella es Sordina, y está llegando a su fin. Pronto nos dejará y cuando lo haga su esencia inundará de nuevo Harmonia -. Le explicó su madre.
- ¿Morirá?
- En Harmonía nadie muere. Nos desvanecemos y nos convertimos en notas musicales enriqueciendo más aun nuestro mundo. Y si estás muy atenta, tus oídos podrán escuchar la voz de los que se desvanecen una y otra vez. Ella y su esencia musical, siempre, siempre estará rodeándonos.
- Mamá, ¿tu también morirás....?
- No me has escuchado, nosotros no morimos, nos convertimos en tonos musicales para siempre.
- No quiero que mueras.
Mamá sonrío.
- No te pongas triste, aquí en este mundo nadie lo esta. Ven, vamos a ver las flores.
- Siiiii -. Dijo Arpa.
- Vamos a ver las flores que están junto a la Cueva Eco -. Decía mientras saltaba Melopea.
Acordeón agarró fuertemente su mochila y buscó algo de comer. Luego observó a mamá de Melodía.
- Tranquilos voy a traeros algo de comer, no os mováis de aquí.
Los niños bebieron un poco más de agua y se sentaron a esperar. Los rayos del sol inundaban Concierto con hermosos tonos que a simple vista podían verse. Las notas cuando llegaban al rostro de los niños a veces le hacían reír. No hacía mucho calor y el viento soplaba fresco desde el Norte. Momentos después llegó mamá de Melodía.
- ¿Que tal se han comportado estos niños?
- Bien mamá.
- Os he traído bollitos de la mañana, están muy tiernos.
Seguidamente se los entregó a cada uno de ellos. Acordeón estuvo a punto de llevárselo a la boca, momento en el que mamá de Melodía le sonrió. Acordeón sonrió de nuevo y lo guardó en la mochila y comenzaron a caminar en busca de las flores.
- ¿Mamá?
- Dime hija.
- Cuando las personas mueren...
- Cuando se desvanecen....- corrigió la madre.
- Eso.... ¿dónde van?
Mamá se paró y contempló todo lo que le rodeaba, luego miró al cielo.
- Melodía, ves esas nubes blancas.
- Si.
- Pues muchas de ellas se han formado gracias a la esencia musical que dejamos cuando abandonamos Harmonía, y así con todo, flores, viento, árboles, etc... Todos nacemos de Harmonía y volvemos a ella de igual manera.
- Mamá de Melodía, mira, ¿es aquello la torre Tocata?
Esta miró allá, en lo más profundo y lejos de la meseta.
- Exacto, aquello es.
Tras abandonar el pueblo, y dejar de lado el camino principal, pequeños caminos se hacían por personas que como ellos frecuentaban las praderas Timbales, unas extensiones enormemente grandes de verdes florales, donde las personas pasaban gran cantidad de horas viendo el cielo y descansado mientras escuchan el río Fusión. En los días de más tranquilidad, algunos incluso han llegado a escuchar las cataratas Coros resonar en la distancia.
Como si de una borrosa figura se tratara, la imponente torre se podía visualizar desde tan lejos. Por diferentes caminos se podían ver el trayecto de los carros repletos de material en dirección a la majestuosa construcción. Cuando terminaron de caminar, se situaban en la parte alta de la pradera, allí se sentaron y extendiendo un manto de tela se sentaron a desayunar esos magníficos bollitos de la mañana.
- ¿Para qué construyen esa torre, mamá?
- Para que todas las voces de Harmonía sean escuchadas, para que nos podamos comunicar entre todos con más facilidad.
- Y también por si vienen algunos de los monstruos malos de más allá de las Puertas de Harmonia.
- Arpa, no digas eso, que asustarás a Melodía.
- ¿Las Puertas de Harmonia? ¿Qué es eso mamá?
- Más allá de este mundo, hay otro mundo, pero Arpa se equivoca, los monstruos están tras el Túnel Oboe.
- Si, si....monstruos muy malos. Como trompeta de cartón, ¿verdad mamá de Melodía?
Esta sonrió. Luego Melodía preguntó.
- Y tras las puertas de Harmonía entonces, ¿qué es lo que hay?
Su mamá con ambas manos le acarició los rojizos mofletes contestando.
- Allí esta papá.
Acto 4º: La Fanfarria. ¡Oh, los piratas!
Las gaviotas no paraban de hablar entre ellas. Había decenas en los techos de las instalaciones portuarias de Harmonía. Graznaban cada vez que un barco llega a puerto, ya fuera pequeñas violas - barcos de recreo -, violines - barcos de pasajeros o los majestuosos Violonchelos, aquellos barcos de guerra que guardaban las aguas de Harmonía con recelo. Las gentes del pueblo portuario andaban de aquí para allá, algunos pintaban parte de un almacén, otros, sólo pescaban alguna nota musical perdida en el fondo del mar, algunos pescadores componían alguna polifonía en las redes de sus barcos. Hoy estaba todo en calma, aun seguía soplando viento del norte...de repente el viento cambió y comenzó a soplar del sur. Las tranquilas gaviotas alzaron el vuelo y comenzaron a volar hacia el mar, un mar que comenzaba a ser revoltoso.
- Oye, ¿hay alguna entrada a puerto solicitada para hoy?
- No, jefe portuario.
- Diviso desde el sur algo que viene a puerto.
- Dame el catalejo, voy a subir, espero ver desde el faro la bandera que ondea. -Con acto de resignación y malhumorado, se presentó ante la puerta y 88 escalones a modo de teclas de un piano representadas en 8 octavas. - Uf...ya soy mayor para estas cosas.
Se ajustó al cinto el catalejo y comenzó a subir las escaleras circulares que hasta el gran faro culminarían, mientras el pequeño aprendiz, seguía dibujando el perímetro de las costas de Harmonia en un intento de aprender el oficio, encajando bien los acantilados, los arrecifes más peligrosos y los fondos más profundos para evitar posibles naufragios. Una vez llegado al faro, sacó su catalejo y lo puso en su ojo. Observó la bandera, dejó libre el ojo con gesto extrañado, se volvió a ajustar el catalejo.
- ¡Santo Soneto!
Agarró el catalejo y corrió las escaleras con tanta velocidad que asustó al ayudante una vez abierta la puerta. Exhalando la respiración de forma asíncrona y poco pausada, el ayudante soltó su pluma y se acercó en auxilio de su compañero.
- ¡Qué ocurre jefe, qué pasa!
Este le posó la mano encima de su hombro.
- Las sirenas...actívalas.
- ¿Qué ha visto jefe? -. Preguntó alarmado el aprendiz.
- La Fanfarria....La Fanfarria.
- ¡Oh, los piratas!
Allá en el puerto todos esperaban. Tres grandes violonchelos fueron a interceptar a la Fanfarria, pero esta era más veloz y llegó a puerto en el mismo momento que los Violonchelos le bloquearon el paso.
En la cubierta del primer violonchelo se apostaban los cañones más ruidosos de toda Harmonia, y tras ellos los caballeros Opera. Al mando de todos ellos el Almirante Vals, la persona mejor cualificada para navegar por los mares que jamás se hubieras visto.
- ¡Preparen los cañones! -.
- ¡Cañones listos! - Grito el Contrabajo.
Todos en la cubierta esperaban la orden de disparar los cañones disfónicos. El almirante frunció el entrecejo.
- ¿...Pero qué...?-. Tomó el catalejo y observó la cubierta de Fanfarria.
- ¿Qué ocurre señor? -. Comentó su adjunto al timón.
- Son muñecos, no hay nadie en la cubierta. Los cañones piratas están guardados.
Justo después los grandes violonchelos rodearon a la Fanfarria.
- Aborden la nave, a ver, una octava de soldados voluntarios. - Ordenó Vals.
La Fanfarria parecía un barco fantasma, solo habían muñecos a modo de personas. La bandera ondeaba en lo alto con magnificencia. Lanzaron una gran tabla para pasar entre ambos barcos y allí tomaron posiciones los caballeros.
- Que muñecos más mal hechos, hasta mi niño los haría mejor-. Comentó un solado.
- Es sólo un señuelo. Bajemos a ver qué han dejado y por qué está el barco a la deriva.
Una vez en popa, el alférez se dirigió a la puerta y la abrió con prudencia, luego bajaron uno por uno abriendo los camarotes. Las camas estaban bien estiraditas y hechas, todas las habitaciones estaban limpias y recogidas. Ni mota de polvo y una fragancia a moras inundaba todas las estancias. Incluso la bodega estaba impoluta. La Fanfarria estaba abandonada.
- ¿Y bien? Alférez.
- No hay nadie a bordo del barco.
Vals con rostro sereno se dio la vuelta para pensar.
- Qué será lo que están tramando.
- ¿Qué opina Almirante?
- Partitura es la mujer más enrevesada de Harmonia. Y si ha dejado su buque insignia a la merced de los mares es por algo mucho mayor, pero, ¿qué es más importante para que un capitán abandone su barco? Avisad a Barítono, decid que es una trampa.
- Señor….- Comentó tocando uno de los muñecos que en proa se mantenía.
Con el mentón fruncido Vals comentó.
- Si, lo se. Esto no me gusta nada. Se que es una trampa, pero es que…este silencio no me está gustando nada. Además tengo una sensación que.., que había sentido antes.
- Esa Fanfarria…..da miedo, me da escalofríos. Ver a esos muñecos hieratistas, con la mirada puesta en el infinito sin expresión alguna.
La cubierta de aquel colosal violonchelo estaba repleta de personas con sus instrumentos musicales a la espera de una orden del almirante Vals. Todos desconcertados se miraban los unos a los otros mientras contemplaban aquel barco fantasma. Tras esto tomó su catalejo y observó a los violonchelos que formaban aquella escuadra y con pánico observó como sus tripulaciones se estaban convirtiendo en marineros de trapo, inmóviles y escuálidos, la esencia musical se les estaba evaporando por todo su cuerpo.
- ¡Santo solfeo! Posicionados en zafarrancho de combate. Formar una orquesta, ¡ahora mismo!
- ¡Qué ocurre Vals! – Preguntó su contrabajo
- ¡Espero equivocarme!
La orden le cogió a todos de sorpresa, aunque tardaron muy poco en formar una hermosa orquesta la tensión que se respiraba en el aire se hizo más y más espesa. Vals se puso ante ellos como su maestro y comenzó a mover su batuta.
- ¡Tocad! ¡Tocad ¡ ¡ Qué suene la música! ¡Moveos!
- Todos comenzaron a tocar pero las notas tardaban mucho en salir de los instrumentos, esto desconcertó a la orquesta que guiaba Vals.
- ¡Seguid tocando! ¡Seguid tocando! ¡No paréis!
- Señor, las notas musicales están saliendo tarde, a destiempo. ¿Qué es lo que está ocurriendo? -. Preguntó Contrabajo.
- ¡Seguid tocando! ¡No os paréis! ¡Hacedlo por Harmonia!-.
Decía mientras los músculos de la cara se tensaban, sus brazos no paraban de mover y así tomar las notas del ambiente e intentar remediar lo que con temor estaba observando. Contrabajo abrió los ojos de par en par y horrorizado contempló como sus compañeros quedaban sin esencia, rápidamente tomó su instrumento favorito y comenzó a tocar e intentar atraer notas musicales pero comprendió que era demasiado tarde, sus marineros y su orquesta se estaban convirtiendo en muñecos de trapo. Contrabajo junto a su orquesta de muñecos no paró de tocar aun sabiendo que todo estaba perdido, pero la fuerza que irradiaba Vals hizo que las suyas se mantuvieran. Segundos después, y una vez que Vals vio que su gran amigo era un ente sin vida y vacío de esencia, una mano se posó sobre el hombro de Vals, este se giró impotente y con las lagrimas a punto de resbalar por sus mejillas negó con la cabeza.
- Jamás pensé que fueras tú.
- Por favor, entrégame tus lágrimas -. Dijo mostrándole la palma derecha de su mano.
- Réquiem, ¿por qué lo has hecho?
Tras este se materializó la orquesta que sobre la cubierta de la Fanfarria tocaba la obra más triste que se ha podido componer en Harmonía. Una obra carente de vida, carente de tiempo, invisible para los ojos pero sentida por todos, hasta el fin.
- La Fanfarria era el gran engaño. Todos los navíos de Harmonía están preparados para enfrentaros a los más inmenso buques de guerra, pero ninguno esta preparado para un réquiem.
La cabeza inclinada hacia abajo magnificaba aun más la tristeza de Vals
- Cubres la muerte con una fiesta. Un réquiem con una fanfarria. Es perverso.
- La vida es una obra de teatro, con sus alegrías y sus llantos.
Réquiem con el índice sobre su mentón alzó la cabeza de Vals.
- No te angusties, es mi envidia quien ha creado esta triste composición.
Vals le miró a los ojos, y sonrió.
- ¿Puedes ver lo que tiene mi corazón?
Réquiem le observó.
- ¿Será difícil salvar mi corazón?
- No hermano, tu corazón estará siempre conmigo.
Vals se derrumbó, Réquiem lo recogió entre sus brazos, allí le contempló y miró su rostro, las lágrimas resbalaron sobre sus mejillas cayendo sobre la mano izquierda de Réquiem. Tras esto le besó su cabeza y colocó a su hermano frente a su orquesta. Momentos después subió a la Fanfarria y desapareció.
- Perdóname querido hermano, pero estas son las últimas lágrimas que robe.
Los tres grandes buques de guerra quedaron a la deriva con un mar que por momentos se agitaba fuertemente.
Interludio B: Arpeggio y Silencio
Asomándose al gran y perimetral balcón que en el último piso tenía la Torre Toccata, Arpeggio pudo sentir el fuerte viento que a tan alta altura castigaba fuertemente desde el Sur. Pálido de piel con ojos almendrados y claros, y cabello suelto se ajustó la gabardina oscura que llevaba ajustando en los ojales las fusas que a modo de botones llevaba. Levemente llegaron a sus oídos las sirenas del puerto y pudo atisbar, como allá a lo lejos, el barco pirata estaba siendo flanqueado por los enormes violonchelos que saliendo a su paso pararon el avance de la Fanfarria. Quedó pensativo observando la escena en la distancia, aquello no le gustó nada, pues parecía ir a la deriva y sin rumbo fijo. Una nueva ráfaga de viento sorprendió al protector de la torre que cerrando los ojos inclinó ligeramente la cabeza para que ese viento no le molestase, afianzó sus batutas; primero la derecha y luego la que le regaló Creador de Fantasía por su maestría y velocidad en captar los acordes del aire. Volvió a sonar las alertas en el puerto y dirigiendo su mirada a este, observó como el pueblo comenzaba un exilio, una huida hacia el gran castillo de la princesa Armonía. Comenzó a andar por aquel amplio balcón visualizando todo lo que ante sus pies se mostraba; al Sur, la inminente batalla naval, al Este la gran meseta con la Cueva Eco en su cima; movimientos extraños vio allá y con extrañes tomó el catalejo de la torre y mostró como cinco personajes disfrutaban de la placidez del lugar, enjugándose los ojos volvió a tomarlo para ver de nuevo y asegurar lo que estaba viendo, con una mueca de incertidumbre suspiró al ver a la madre de Melodía. Continuó con las montañas y su colosal e inagotable catarata, luego el hermoso castillo del reino de Harmonía y su gran bandera pentagrama con su hermosa clave de sol y a continuación los símbolos Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si ondeando en el viento. Arpeggio por unos segundos agudizó el oído y pudo escuchar como el viento al ondear aquella bandera emitía vagamente aquellos acordes como si un pianista los meciera, luego vio las colosales puertas en clave de Fa formando un espectacular corazón, los grandes torreones con forma de clave de Sol, brillantes y soberanos. Y para terminar tan hermosa construcción en clave de Do y en tercera línea bordeando el lago las murallas que tiempos antes custodiaban el fasto castillo. Respiró una gran bocanada de aire del sur y antes de espirarlo notó en su cuerpo un malestar poco usual...
- Esta algo cargado este aire....demasiadas corcheas en el ambiente.
El sol aun no estaba en todo lo alto pero observó que su luz, ese día brillaba más que ningún otro, un destello captó por el rabillo del ojo al cual no hizo caso, tras largos segundos saboreando el aire volvieron a sus retinas diferentes destellos, y sin que lo sospechara, el aire le transportó una pequeña pompa de jabón, al verla quedó pálido y sus ojos abiertos de par en par buscaron en el balcón al creador de tal terrible burbuja. Un fuerte golpe se escuchó allá en la base, Arpeggio se agarró fuertemente a la barandilla e inclinando parte de su cuerpo encontró miles de pompas de jabón que lentamente ilustraban una obra que como poco se le apeteció insoportable.
- Maldición.
Con la gran velocidad que lo caracterizaba tomó la puerta principal de la alcoba dejando atrás los inmensos ventanales y como pudo, sorteó a los constructores de aquella torre que prácticamente terminada daban los último retoques. La tensión en el ambiente aumentaba cada vez que bajaba una planta pero el murmullo característico dejaba paso a su gran temor. La angustia y deseo fue tal que no esperó a llegar al suelo, de un rápido giro, saltó desde el piso cuarenta y uno sin ningún miedo, la gabardina que llevaba se abrió de par en par pues los botones quedaron libres y a unos metros del suelo, antes de llegar agitó su batuta captando las esencias musicales que lo rodeaba formando una hermosa barrera que fue aminorando su velocidad de caída, al tomar suelo tuvo que inclinar el cuerpo y flexionar las rodillas pues gran cantidad de notas musicales no llegaron a tiempo y cuando terminó de incorporase observó su mano derecha impregnada. De nuevo agitó su batuta y dirigiéndola a su mano izquierda la liberó de tan viscosa esencia.
- ¡Arpeggio, hemos cerrado las puertas! Está afuera, ha venido, soy el único que aun puede hablar todos los compañeros se han quedado sin habla! - Vociferaba presa del pánico mientras dirigía su índice a los compañeros de la torre que intentando hablar se comunicaban con gestos.
Aquellas palabras no hicieron sino mostrar más ira sobre el blanquecino rostro.
- ¡Diapasón, abre las puertas! -Las palabras aunque educadas no mostraban sino un odio inmenso, las venas del cuello comenzaron a hincharse, la tensa mandíbula se afianzó y una profunda respiración dio una liberación inmensa de adrenalina. - ¡Abre las puertas he dicho!
- Pe..pero está afuera -. Dijo presa del pánico señalando hacia la puerta.
- Y yo estoy aquí dentro, ¡ábrelas!
- No puedo....tengo miedo.
De un fuerte revés se despegó del arquitecto, que corriendo fue a esconderse bajo la infinita escalera, dando dos pasos abrió las colosales puertas de Toccata, el viento entró llenando la torre de burbujas de jabón.
- ¡En mi torre no entrareis! -. Tomando la batuta comenzó a agitarla y decenas de notas musicales cayeron como un torrente desde la cumbre de la torre barriendo las burbujas de jabón hasta expulsar todas las pompas hacia afuera -. ¡En esta torre no entrareiss, ni tú, ni tus burbujas!
Aquella mujer llevó su índice a los labios y siseó.
- Shhhh.
- No....A mí no me mandes callar. ¡En mi torre, no!
- Shhhh.- Repitió.
- ¿Qué vienes a hacer aquí? Sabes que Creador de Fantasía me tiene en alta estima, deberías de pensártelo dos veces antes de mandarme callar.
- Shhhh -. Esta vez lo hizo con la mano izquierda.
- Silencio, tú te lo has buscado. - Arpeggio le lanzó una fuerte ráfaga de notas musicales que su igual envolvió con una ingente cantidad de pompas de jabón que saliendo de su batuta silenciaron aquellas notas que cabalgando por el aire quedaron mudas.
Una ligera sonrisa se pudo atisbar entre aquellos largos cabellos oscuros que el viento balanceó sobre aquel terso cutis. Su franca mirada no dejó de observar a Arpeggio, de nuevo sonrió, pero esta vez una abierta sonrisa fue silenciada por un nuevo soplo a modo de beso que envió desde su posición. En otros tiempos aquella preciosa mujer de firme carácter hizo vibrar grandes y virtuosas obras. El viento sopló con fuerza y una ráfaga inició la marcha de la hermosa mujer, varios pasos hicieron mover su cintura, su larga y oscura falda bordada en octetos dejaron ver sus firme piernas que caminando paró a pocos metros del rostro de su igual
- Hola, Arpeggio. Cuanto tiempo desde la última vez.
- ¡Aquello ya terminó! No vuelvas siquiera a insinuarte y menos a recordar tiempos pasados. No tienes ningún derecho.
Silencio, deslizó la mano izquierda sobre su rostro y apartó el cabello que lo cubría.
- Pertenezco tanto a tu vida que sin mí, no existirías ni tú ni la música.
- Que tándem más cruel.- Dijo circundándola mientras giraba las batutas ágilmente entre los dedos.
- Soy el Silencio y depende de mí que todo siga sonando en armonía, y eso te incluye a ti.
- Crueldad es lo que veo reflejado en esas siete pompas de jabón que flotando te rodean.
- Deberías de ver lo que guardo en mi corazón.
El la observó.
- ¿A caso tienes corazón, Silencio? El corazón es una muestra de debilidad, además el tuyo no creo que vibre.
- Va a buen ritmo y tiene buen pulso. Y desde que te he vuelto a ver...siento de nuevo una gran pasión, mi esencia fluye de nuevo...
Arpeggio en un descuido de la mujer intentó atravesar su corazón. Esta se retiró con audacia, pero parte de su torso quedó rasgado y al descubierto, la ira tomó forma en el rostro de la hermosa mujer que ágilmente saltó para intentar buscar la retaguardia. La posición tomada no fue la más acertada pues al agitar la batuta no todas las pompas de jabón pudieron impactar sobre Arpeggio que con gran agilidad agitó la suya para que aquel viscoso elemento no lo ralentizara. No solo era temida aquella escultural dama por las pompas de jabón que enmudecía todas las notas, sino que esas mismas pompas podían desacompasar los tonos que fluían desde las batutas.
- Me decías que Creador de Fantasía te tenía en alta estima. ¿Quien no te dice que a mí también? Quizás estemos encomendados a vivir siempre juntos, como si fuera, una sonata eterna. Tú y yo para siempre unidos por el silencio.
Arpeggio comenzó a girar su batuta y tomar las notas musicales del ambiente a la vez que con su mano izquierda sutilmente comenzaba igualmente a girar la segunda. Inclinó un poco la cabeza y cerrando los ojos empezó a concentrarse, su cuerpo se tensaba y los músculos del cuello se tornaban rígidos y cuando el éxtasis llegó, todo su cuerpo estaba levitando a unos centímetros del suelo. Bastó un solo segundo para que su cuerpo se relajara y en ese preciso momento ambas armas estaban lanzando un rapidísimo ataque fluyendo de ellas innumerables acordes, fue tal la velocidad de salida que algunas comenzaron a tomar diversas tonalidades de color que sorprendiendo a Silencio tuvo que esquivar girando y desprendiéndose de su túnica que quedaba consumida e impregnada en miles de coloridos tonos.
- Era mi mejor prenda -. La voz salió pausada y muy, muy tensa.
- Tenía más valor que tú -. Volvió a girar ambas batutas preparándose para su segundo ataque. Terminado este volvió a relajarse y un nuevo lanzamiento no tomó por sorpresa a Silencio que ya preparada en su dirección centenares de pompas de jabón volvieron a capturar todas y cada una de las notas lanzadas por su oponente.
- Jamás volverás a tocarme. Por cada nota musical que tú me envíes, yo le daré un intervalo de tiempo y ese tiempo lo convertiré en silencio. Acuérdate, nunca, nunca volverás a tocarme.
Lleno de rabia y de furia se dirigió rápidamente hacia aquella mujer que cerrando los ojos concentraba su particular poder, momentos antes de que Arpeggio la alcanzara, Silencio dirigió su batuta hacia el corazón de este que sorprendido no pudo tan solo que observar lo que sus ojos no creían. Exhalando el aire y con los ojos abierto de par en par contemplaba con tremendo pánico que su cuerpo comenzaba a levitar. Quedando atrapado en una burbuja de jabón intentaba desesperadamente atravesar con sus armas. De repente Diapasón desde la cuarta planta le gritó.
- ¡Arpeggiooo! Atraviesa la pompa con tu batuta y dirige tu ataque hacia mí, yo lo reenviaré de nuevo hacia ti destruyendo la prisión. ¡Maldición no me escucha!
Como un loco comenzó a buscar algo para poder ayudar a su maestro, agarrando diferentes herramientas las arrojó sobre la particular prisión rebotando sobre la estructura. Algo iluminó su mente, y corriendo se dirigió al centro de la torre y observó como por la misma cientos de burbujas de jabón volaban hacia el final de la misma. Sin perder un segundo, tomó una gran tela, la que usaban los sostenidos para poder pintar el interior y no mancharlo, y lanzándola al vacío fue llenándose esta de las burbujas que subían, y a modo de colchón de aire saltó sobre este, que elevándose hacia la cumbre esperó hasta su final. Mientras, Arpeggio dentro de la cruel celda no pudo percatarse de que su compañero desesperadamente le estuvo gritando y avisándole de la nueva estrategia. El sólo se quedó fijándose en aquellos hermosos ojos que poco a poco fue alejándose hacia el cielo, más su profundo dolor fue partiéndole más aun su corazón cuando Silencio le seguía observando sin mostrar atisbo alguno de compasión por él y como una estatua hieratista quedó contemplándolo.
Sin previo aviso la burbuja de jabón explotó y Arpeggio sorprendido fue cayendo. Tomando conciencia de lo sucedido agarró su batuta y girándola la dirigió a tierra para amortiguar con sus notas la caída. Esto que cogió por sorpresa a Silencio no hizo más que sacarle una sonrisa.
- ¿Inclinado por mi? - Este, arrodillado, observó hacia arriba, en lo más alto de la torre.- Si, ha sido tu compañero Diapasón el que te ha ayudado. Por lo visto la torre está concluida y ha dirigido todo su poder sonoro hacia la burbuja que te envolvía. Sigues igual que siempre, necesitas de otros para solucionar tus problemas.
- Qué sería de la vida, sin amigos que te ayudaran en los peores momentos. Qué te voy a contar a ti, que siempre los has manipulado a tu antojo.- Contestó mientras se sacudía su chaleco.
- Tu, no tienes ni idea de cómo ha transcurrido mi vida. Sabes que soy el silencio, y prácticamente todo lo cayo, tanto lo bueno como lo malo, incluso mis ganas de llorar.
- No vayas de víctima.
- De verdad que eres tonto. ¡Ja! Si al final voy a darme cuenta que sigues siendo un niño.
Esto no hizo más que enfurecerlo, e inmediatamente movió las batutas tan rápidamente que Silencio no pudo más que esquivar su ataque envolviéndose ella misma en una burbuja gigantesca, todas aquellas notas musicales rebotaron en tan perfecta circularidad. Lleno de ira por no acertar en su ataque, Arpeggio se dirigió corriendo hacia ella y de un magnifico salto se introdujo en la circular pompa dejando a la pareja a solas del mundo. Silencio, tocando la estructura la rompió cayendo ambos al suelo, con rapidez tomaron de nuevo posiciones de batalla, nuevamente intentó un arremetido ataque utilizando ambas batutas que no acertaron a llegar pues de nuevo todas las notas quedaron suspendidas en el aire.
- ¡Maldición!
- Tranquilízate Arpeggio, estas lleno de ira. Mírame a mí, soy toda tranquilidad.
- Me levantaré una y otra vez y nunca me detendré hasta verte llorar.
Con un desdén sonrió Silencio.
- Estuviste a punto de verme llorar, pero fue hace mucho tiempo. ¿No dijiste que me querías tanto que darías tus lágrimas por mí?
- Doy gracias de no haberlas derramado, ¡me mentiste! -. Gritó acusándola con el dedo.
El rostro de Silencio se relajó y con gran serenidad su timbre de voz cambio.
- Arpeggio, nunca te engañé.
- Si, cuéntaselo a otro.
- Arpeggio, créeme, nunca quise hacerte daño. Tú y yo formábamos una hermosa estructura armónica, tu velocidad y mi silencio eran perfectos y no hubo una pareja más hermosa que la nuestra, y créeme si te digo, que nuestra sonata será eterna.
Aquel joven dejó de estar tenso y sus brazos se relajaron, respirando profunda y pausadamente dio varios pasos hacia atrás. En ese mismo instante una mano se posó sobre el hombro izquierdo de Arpeggio que de un respingo dio la vuelta.
- ¡Nooooo! -. Gritó Silencio a la vez que lanzaba ingentes pompas de jabón que no pudieron detener la batuta que en ese mismo instante atravesaba el corazón del maestro de la torre.
Con la batuta clavada y los ojos abiertos de par en par, Arpeggio se tambaleó unos segundos mirando su pecho y quien se la había clavado, antes de caer derrumbado, Silencio ya había llegado junto a él, lo tomó para que no impactara en el suelo e intentó como pudo acomodarlo en su regazo. La mirada del joven se posó sobre los ojos de ella.
- Sabes...una cosa... - Un hilo musical comenzaba a asomar por la comisura de sus labios, primero asomó una corchea, luego una fusa, y sin dejar de gotear una concatenación de acordes bajaban ya por los labios de Arpeggio.
- No hables, por favor -.Consolaba mientras lo acunaba y sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
- Tienes los ojos más hermosos que he visto nunca.
- No digas... no digas nada -. Pronunció como pudo mientras su corazón encogido apenas hacía distinguible sus palabras. De igual forma tomó su mano derecha para no sentirse solo.
- Cuando te deje, tomas mis lágrimas... - tosió -,...ya sabes que te pertenecieron desde siempre.
Con el semblante destrozado le besó en su mejilla momento justo en el que sus lágrimas brotaron de aquellos ojos. Sus brazos quedaron yermos y Silencio llevando de nuevo sus labios a los de Arpeggio los besó. Después de tomar sus lágrimas desapareció convirtiéndose en esencia. El rostro de aquella mujer se tornó furia al posar su mirada sobre el autor de aquel horrendo acto, se levantó y con paso muy firme se dirigió a este y al llegar junto a él le agració con una sonora bofetada.
- Un modo muy singular y sutil de ligar...- Pronunció Rondó.
- Sigues siendo igual de estúpido que entonces, no hacía falta matarlo.
- Ah, es cierto, que tú ya le habías partido el corazón una vez, yo solo he terminado tu trabajo.
La segunda bofetada fue más fuerte aún que la anterior.
- ¿Si? ¿Y quién crees que vivirá esperando la oportunidad de llorar que tuvo él?
Alto, corpulento y con impresionante frac, Rondó siguió acariciándose la dolorida mejilla, luego sonrió.
La tierra durante unos largos segundos se tambaleó tan fuertemente que ambos tuvieron que mantener el equilibrio.
Acto 5: Rapsodia
Subiendo rápidamente la escalinata de la puerta principal, no hizo falta que los guardias la identificaran, bastó tan solo su mirada para que ambos se cuadraran y le permitieran el paso al pequeño palacio de Lira. Ajustándose mejor la falda subió a su habitación, allí se desnudo y tomó el cuarto de baño para asearse completamente, ajustó el agua para que no le quemara y rompió su propio silencio con un tenso grito que las gotas de agua amortiguaron. La ira fue apoderándose de ella hasta tal punto que todo su cuerpo ardía en deseos de arrancarle las lágrimas una a una a base de dolor. Un fuerte puñetazo impactó contra la pared y con esto relajó el semblante de aquella mujer que llena de odio buscaba la forma de acabar con aquel hombre que había hecho mil pedazos su corazón.
- Deseo tanto tus lagrimas que las haré mías. Rondó, no voy a parar de buscar la forma de hacer que tu muerte llene mi propia vida con tu esencia.
El agua caía como lluvias de abril sobre el rostro de la hermosa mujer que ya más calmaba limpiaba su cuerpo con esencias de jazmín. Todo su perfecto cuerpo quedó limpio y luego se untó en aceite para que su piel quedara más hidratara. Tomo una toalla y se lo acomodó a su largo pelo, luego agarró una segunda toalla y se cubrió su cuerpo. Durante unos segundos dudó, con sus ojos buscó su batuta sobre el lavabo del cuarto de baño.
- Juraría que la había dejado junto al peine.
Abrió la puerta del cuarto de baño y dejó escapar el vapor de agua junto a esa hermosa fragancia.
- Me encanta que una mujer huela a tu perfume
- ¡Que haces aquí!
- Voy a ser tu marido, no creo que sea un inconveniente.
- No antes de la boda, y dame mi batuta, no juegues con ella. Levántate de la cama que la vas a estropear. ¿Y como es que te gusta que una mujer huela a mi perfume? Soy yo la que huele bien, no tienes que ir oliendo a ninguna otra mujer sus perfumes, no? Y date la vuelta me voy a cambiar.
- ¿Por qué te molesta tanto? Vaya, menudo genio tienes hoy. Tranquilízate, venga, te apetece cenar hoy en el restaurante Orfeón.
- Han matado a Arpeggio.
Aquello frase dejó a Solfeo mudo. La batuta de Silencio se le cayó de las manos y llegó rodando a los pies de la mujer que recogió y se lo puso sobre el pelo afianzándolo. Los segundos comenzaron a pasar muy lentamente y los ojos del joven quedaron pensativos intentando asimilar aquella fatídica frase. Su amigo había muerto. El semblante fue tornándose a ira, sus músculos faciales se tensaron y su brazo derecho fue llevándolo a su batuta que ajustada a la cintura esperaba la hora de ser utilizada.
- ¿Quien ha sido?
- Date la vuelta, voy a cambiarme.
De un paso agarró el brazo de Silencio
- Dime quien lo ha hecho.
La mirada de Solfeo fue tan profunda que quedaron desnudos los pensamientos de la joven.
- Rondó.
- Maldito, ese no fue el trato. Nadie tenía que matar a nadie. ¿Por qué lo hizo? Respóndeme. ¿Tus estabas con el? El pacto era que no interviniera en los asuntos del General de Harmonía. ¿Por qué le has permitido? Tu burbujas de jabón tendrían que haberlo mantenido en silencio.
- ¡Me estas haciendo daño, suéltame!
Con un fuerte arrebato, la joven se deshizo de la mano de Solfeo.
- Sabes cuanto quería a Arpeggio y lo que mi vida ha sido para él. Nunca desee su muerte. No me hagas culpable de lo que le ha sucedido, he sido utilizada. Y te he dicho que te des la vuelta, voy a cambiarme.
- ¿Dónde vas? -. Preguntó girándose.
- Voy a ver a Ritmo, y que me expliqué lo que ha sucedido.
- Has sido engañada, lo sabes. Pero eso es cosa mía.
- No, no es cosa tuya. Arpeggio está muerto porque no me di cuenta de la treta. Y ese egoísta de Ritmo va a saber lo que es enfrentarse a mí.
- Tiene mucho poder y no voy a dejarte sola.
- Me basto yo misma para callarlo.
- Tu soberbia podría ser tu perdición.
- No seas tan ingenuo. Soy lo bastante mayorcita para saber lo que tengo que hacer.
- Torres más grandes han caído.
- Como la Torre Toccata. Ya puedes darte la vuelta.
Solfeo quedó prendado de la belleza de la mujer.
- Eres aterradoramente hermosa. Digna de ser la princesa de Harmonia.
Silencio dio varios pasos y le acarició el rostro.
- Me basta con ser tu princesa, no quiero ni tronos ni reinos. Solo levantarme junto a ti, con eso seré feliz siempre. – quitándose la batuta que sujetaba el pelo, se la ajustó de nuevo a la cintura -. Y ahora lo que haría sentirme feliz es ver a ese insensato de Rondó suplicar por sus lágrimas.
- Eso entonces nos haría sentir feliz a los dos.
Cerrando la puerta, la pareja dejó la estancia y con paso ligero tomó el pasillo derecho dirección al salón de juegos, allí una pequeña jugaba con notas musicales que acompañaban al cuento que en ese momento estaba leyendo.
- Mandolina.
- ¡Mamá! -. Gritó dándose la vuelta con una hermosa sonrisa.
- Ven que te de un fuerte abrazo.
De un salto abrazó a su madre que la alzo a su altura.
- Mamá, mamá. Estoy leyendo el cuento que me dio tu amigo.
- ¿Creador de Fantasía?
- Si
- ¿Y te gusta el cuento?
- Si mamá, me gusta mucho. Es un cuento donde hay cuatro niños que viajan a un mundo llenos de caramelos.
- Vaya, pues después de leértelo tendrás que lavarte los dientes.
La pequeña quedó pensativa mirando al techo.
- ¿Lavarme los dientes?
- Bueno, mi pequeña Mandolina. Esta noche acuéstate temprano para que sueñes con una hermosa serenata llena de lindos politonos de colores. ¿Lo harás?
- Si mamá, nada más termine el cuento me acostaré tempranito.
- Saluda a Solfeo.
- Hola Solfeo.
- Hola pequeña, estas muy guapa hoy. Esa ropita roja y esos zapatitos rojos son muy bonitos.
- Me los ha regalado Minueto. ¿Te gustan? – Dijo moviendo sus zapatos.
- Si.
- ¿Estas sola? ¿Y Minueto? – Preguntó su madre.
- Está preparando la merienda. Bollitos de la tarde y un vaso de leche bien fresquita.
- ¡Ummm, qué rica! -. Dijo su mamá frotándole la barriguita a la pequeña.
Su madre la dejó en el suelo y esta se dirigió directamente a continuar el cuento.
La pareja desapareció dejando a Mandolina en el suelo, leyendo su historia favorita.
- Minueto, tengo que avisarle.
- No te voy a permitir que vayas sola.
- No sea estúpido si me ocurre algo a mí, ¿quién cuidará de Mandolina?
- Pues eso mismo, seré yo quien se enfrente a el.
Silencio paró súbitamente y le miró a los ojos.
- Ese trabajo es para mí. Es algo personal.
- Como te hagan daño yo sí que me lo tomaré como algo personal. Y si te mueres, ¿que haré yo?
- Tú no harás nada, mi esencia irá directamente a tu corazón y me sentirás dentro de ti.
- El día que tú mueras algo de mí se marchará contigo.
- Para volver junto a ti.
Solfeo fue a besar los labios de Silencio cuando el mayordomo los interrumpió con una bandeja de bollitos.
- Mis disculpas, ¿pueden dejarme pasar?
- Si.
- Deberían de probar estos bollos, lo hago yo.
Con sembrada duda y para no ser descortés ambos tomaron uno y lo probaron. El olor era demasiado bueno para dejarlos pasar sin catarlo. La sensación fue tan buena que ambos sonrieron.
- ¿Les ha gustado a los señores?
- Si, son realmente buenos.
- Están hecha de múltiples politonos y la mantequilla es de tres clases de corcheas diferentes. Además de un ingrediente secreto.
- Felicidades. Cambiando de tema. Vamos a visitar a Ritmo.
- Mal asunto -. Comento el mayordomo.
- Cuida de la niña.
- No se preocupe señora.
- Si nos ocurriera algo, tómala y llévala junto a la madre de Melodía.
- Así haré señora.
La pareja desapareció de la vista del mayordomo que con interesada mirada posó los ojos sobre la pequeña sabiendo que solo quedaban ellos y los guardias de la puerta, pero eso ya no era ningún problema. Cerrada la puerta trasera del palacete tomaron dos hipocampos y cabalgaron sobre el aire dirección a Rapsodia, la hermosa laguna del reino, en breves minutos llegaron a su embarcadero y esperándoles estaban el magnánimo Ritmo y su leal Rondó conversando hasta que sus miradas se posaron sobre la pareja que con tensa rabia bajaron de sus animales.
- Nos volvemos a ver Silencio. – Comentó con sarcasmo Rondó.
Silencio con todo su marcado genio fue directamente hacia el sin mediar una sola palabra, y a pocos metros de el sacó su batuta directamente a clavársela en su corazón, muy hábilmente este sacó la suya y se cruzaron ambas armas. Ritmo sonrió.
- Observo abnegada premura por matarme
- No sabes cuanto lo deseo.
Solfeo no se atrevió a comentar nada, solo observaba la situación.
- ¿Le has dicho a Ritmo que mataste a Arpeggio?
- Lo se, pues yo se lo ordené- Contestó el General.
La cara de Silencio se rompió en mil pedazos, pues no esperaba aquella repuesta.
- ¿Has visto? Yo solo cumplía órdenes y terminaba un trabajo que tú nunca acabaste.- Explicó Rondó.
- Mi vida es solo mía y no te da derecho a hablar de ella. Te prohíbo siquiera que la menciones. Y tu – dijo dirigiéndose al General -, el pacto no incluía matar a Arpeggio, ¿por qué lo has ordenado?
- ¿A caso quieres retarme? Era un estorbo. A sabiendas que le tenías gran aprecio sentimental me vi en la obligación de ordenar su muerte.
Silencio amenazó con su batuta el pecho del general que de nuevo mostró una sonrisa, viéndose libre Rondó de su amenaza fue a tomar su batuta cuando Solfeo con la suya le indicaba que se relajara, este sorprendido le observó con ira.
- Te advierto una cosa, queridísimo general, si vuelves a engañarme sabrás lo que es estar callado una buena temporada.
Muy rápidamente tomó la batuta de Silencio con su mano derecha y la inmovilizó.
- No vuelvas a amenazarme nunca, queridísima compañera. Si quieres ostentar un cargo en la institución de Harmonía, tendrás que seguir mis órdenes.
- No sigo las órdenes de alguien que traiciona a sus propios compañeros, además ya me he sentenciado y no gozo de tu favoritismo. Al día de hoy tu y yo no tenemos nada que ver, y espero que la princesa de Harmonía siga viva, porque de lo único que se trataba era de cambiar las reglas armónicas y no de matar a nadie, ¿me has escuchado bien? a nadie. Veo que tus aspiraciones van directas al trono de este reino.
Ritmo tensó los músculos de la mandíbula y el entrecejo, la fuerza que derivaba en su brazo dejaba claro pulso que mantenía sobre la batuta de la hermosa mujer.
- Me estás creando un problema, y sabes que los problemas los detesto -. Tras pronunciar esas palabras el robusto brazo derecho impactó sobre la cara de Silencio que cayó en el suelo inconsciente.
Solfeo que no se lo pensó dos veces dirigió sobre Ritmo el primer ataque con tal fuerza que derribó al General sobre el suelo, este inmenso coloso mostró su ira levantándose con gran energía mientras cruzaban las batutas a modo de combate en esgrima con Solfeo que con gran agilidad sorteaba los fuertes ataques de su oponente, no era la técnica si no su gran fuerza lo que caracterizaba al jefe de los ejércitos de Harmonía que con gran inercia lanzaba toda clase de ataques, mientras su oponente con gran delicado arte esquivaba cada uno de los ataques con perfecta habilidad. En un momento de pausa, Ritmo se retiró unos segundo y comenzó a mascullar algo entre los labios que Solfeo con perfecta habilidad pudo reconocer los signos musicales que iban a ser representados, en un compás de tiempo canalizó toda su energía hacia Solfeo que esquivó su ataque gracias a su capacidad de leer la vocalización de los labios del general adelantándose a sus movimientos, que agotado quedó a merced de la batuta que directamente apuntaba hacia el corazón del General.
- ¿Que vas a hacer ahora, matarme? Tú, tu no eres capaz de hacerme daño, quedaría sobre tu conciencia amigo Solfeo.
- ¿Que te apuestas? -. Dijo mientras su batuta comenzaba a atravesar la gruesa y espléndida armadura.
Con temor observó que su oponente era capaz de matarlo más un gemido dirigió las miradas de ambos, el General sonrió.
- Si sigues así, mataré a tu queridísima Silencio -. Amenazó Rondó.
- Si la matas acabaré contigo después de que termine con el General.
Ritmo fue incapaz de articular palabra alguna por miedo a que un arrebato de pasión le dejara sin esencia.
- Inténtalo y veremos quien pierde más -. Esgrimió Rondó.
Este, arrodillado junto a Silencio, tenía su batuta directamente sobre el pecho de la esplendida mujer que aun inconsciente sentía aquel trágico dolor. Solfeo, observó al General y luego a Silencio, sabiendo que como retrocediera un ápice, tanto el como su querida prometida morirían.
Acto 6º: Ronda, la eterna encantada.
Una vez se presentaron ambas, Ronda se dio la vuelta.
- Ven, acompáñame.
Clave de Sol quiso preguntarle algo, pero le pareció un atrevimiento. Sin más, le acompañó por aquel pasillo que poco a poco fue oscureciéndose, pero sin temor alguno pues se respiraba una gran soledad y sabía que estaba protegida con aquella hermosa mujer vestida de blanco. Esta se giró
- Ahora atravesaremos la pared.
- Eso será fácil para ti.
La doncella extendió su brazo.
- Dame tu mano, la atravesarás junto a mí.
- ¿Seguro que no me pasara nada?
- Mi alcoba está bajo las aguas.
Clave de Sol le miró a los ojos, emitían tanta bondad, tanta tranquilidad tanta paciencia que no dudó en darle la mano y atravesar la pared. En un momento quiso cerrar los ojos pero la mirada de la doncella fue la perfecta guía para el solivianto de la Emeratriz que mientras atravesaba la pared sintió el frío y la humedad características de paredes como esta.
- Ya puedes abrir los ojos.
Muy lentamente los fue abriendo y los destellos de luz que iluminaban aquella estancia le pareció imposible, era como vivir...
- Exacto...vivo bajo el lago y el techo como podrás observar es de cristal.
- ¿Na...nadie conoce esto? Se contaban leyendas en los cuentos de los niños...todas hemos soñado con ser Ronda, la eterna enamorada, la eterna princesa.
Ella sonrió.
- ¿Y el final del cuento...?
Clave de Sol paró y buscó en sus recuerdos de niña.
- No lo recuerdo, no, no se cual es el final del cuento...
- Porque el cuento no tiene final, por eso seré la eterna enamorada.
- ¿Por qué te llaman así?
- Un día me enamoré del hombre imposible, fui desdichada por elegirle a él.
- ¿No se lo contaste a nadie?
- Mi hermano, sólo el sabe la historia.
Ella abrió los ojos.
- Claro...tu hermano es Rondó.
- Me odió por siempre, no entendió que quisiera a aquel hombre. Me llamó
insensata, estuvo a punto de hablar con el pero yo le rogué, le supliqué que no lo
hiciera, hacer aquello sería sentenciarme a mi.
- Ronda, ¿de quien te enamoraste?
- De Creador de Fantasía.
Los ojos de Clave de Sol se abrieron de par en par, las palabras no salían completas de su boca, mascullaba sin poder articularlas....
- Pero...como pudo ser...cómo...Es imposible.
- ¿Tú mandas sobre tu corazón? Porque para mi fue imposible hacerlo y negarlo aun más incrementaba ese sentimiento.
- Ese amor es imposible, el no es de este mundo.
- Has visto qué prisión, mi propia soledad como refugio.
- ¿Alguna vez le contaste lo que sentías?
- Tuve la oportunidad, fue en un baile en su honor. Llegué de mano de Rondó,
vestida con un traje blanco de un solo cuerpo, me lo presentaron y me quedé prendada de el. Su sonrisa, su mirada, la forma de tomar mi mano, aquella noche vivía para el. En diversas ocasiones Vals quiso bailar junto a mí pero mi hermano lleno de ira no quiso que nadie se acercase, ni siquiera su amigo Vals. Quisieron conspirar contra él, pero Vals que estaba enamorado de mí nunca dejó que le hicieran daño. Que buen hombre, al final se convirtió en Almirante, decía que no podía estar a mi lado. Sé que nunca lo superó. Quise mucho a Vals, créeme. Un día me besó y ya no volví a verle.
Clave de Sol escuchaba impresionada la fantástica y triste historia de amor de Ronda y en su cabeza comenzaba a ordenarse los cuentos y leyendas que en otro tiempo llenó de ilusión a las niñas que veían en ella, a Ronda, como la princesa del mundo de Harmonía. Mas comprendió que esa ilusión se trovaba triste cuando la escuchas de los personajes de este cuento y entendías con madurez de mujer que los sueños y las ilusiones pueden ser destronadas cuando te enamoras de la persona que ordena tu corazón.
- ¿Por eso es tan cruel tu hermano?
- Mi hermano fue siempre un buen hombre, pero aquello lo llenó de ira.
- Pero la culpa no fue de Creador de Fantasía.
- No, no fue el, pero mi hermano conspiraba y maldecía que si este mundo fue
creado por él es precisamente él quien me dio el sentimiento de amor. Mas se equivocaba, a mí me llamó Ronda pero fui yo la que se enamoró de el deseándolo en
mis labios y en mis brazos, fue entonces cuando padecí de amor....
- Ronda...- Clave de Sol tomó con ambas manos su mano izquierda -. Querida, no
sé qué decirte, estoy sin palabras, no sé como consolarte.
Con lastimosa sonrisa se giró.
- Observa - señaló al techo -, de noche la luz de la luna se filtra a través del lago y puedo observarla e imagino mi mundo junto a el.
- ¿Por qué vives bajo el lago?
- ¿Sabes que soy la única de este mundo que lloro y no desaparezco?
La Emeratriz negaba soltando la mano de Ronda.
- Imposible. Eso no puede ser.
- ¿No? dime entonces que es lo que ven tus ojos.
Los ojos de la eterna princesa se llenaron de lágrimas que comenzaban a derramarse por
su bello rostro. Clave de Sol la miró señalándola con el índice mientras se retiraba de
ella.
- Tus....tus....lágrimas, no son negras....
- Por eso no desaparezco, nadie puede componer nada con estas lágrimas que
como el cristal resbalan todas las noches por mi desgracia. ¿Sabes lo que es sentirse así por el fin de mis días?
- Eso es un castigo, no puedo entender, que Creador de Fantasía haya creado esto para ti, no puede ser. ¿Hiciste algo?
- Como Ronda me repetiré indefinidamente hasta que yo decida concluir.
- Ronda, ¿cómo puede ser que siendo un fantasma pueda tocarte sin atravesarte?
- Pues es sencillo, vivo en un sin vivir. Aunque haya muerto mi esencia sigue estando viva. Una muerte en vida.
- Mírame y no maldigas más tu desgracia, ¿sabes que gracias a tu leyenda existen los enamorados, existen historias que buscan un final feliz? Sabes cuantas mujeres han deseado ser una princesa como tú, muchas de esas eternas princesitas han conseguido gracias a tus sueños un final feliz en sus vidas.
Ronda sonrió.
- Ahora que sabes mi vida y sé que hay un final feliz deberás de marcharte.
Clave de Sol se extrañó.
- ¿Te he ofendido?
- Mira al techo del lago, Ritmo va a entrar en el castillo y parece bastante enojado.
- ¿Qué?, ¿cómo?
Observando a través del techo, el impetuoso y arrogante General de Harmonía con firme paso se dirigía a la entrada del castillo. Su hermosa armadura brillaba con la luz del sol pero no tanto su orgullo y oscuro corazón.
- Nada seca más rápido que una lágrima.
Dejando de ver el techo fue a despedirse de la hermosa joven que habiendo desaparecido dejó aquella frase suspendida en el aire. La habitación desapareció junto con ella. Ahora se encontraba sola en aquel pasillo que se le tornó triste, sin sentido y muy, muy oscuro. Volvió por donde vino gracias a las notas musicales que dejándolas a cada chasquido de dedos ahora iluminaba el camino de regreso. Antes de comenzar a caminar se dio la vuelta y acarició la pared, agradeciéndole con este gesto la conversación mantenida momentos antes. Muy ágil, tomó el camino de vuelta en dirección a la sala del trono donde Barítono la esperaría.
Acto 7º: Las Puertas Ding Dong
Todos, absolutamente todos, como si de una obra ya enseñada se tratara huyeron al pueblo Concierto dejando el puerto sin civiles. Las alarmas sonaron por todos los sitios, el Gobernador desde su despacho ordenó el amarre de las flotas de recreo y solo quedaron protegiendo el puerto los gigantescos violonchelos, con gran capacidad de ataque desde todos sus flancos. El reten del ejercito Opera organizó la entrada del contingente que estaba siendo informado en el Palacio Harmonía, allí Barítono, Primer Ministro ordenaba dos batallones de soldados lo suficientemente armados para detener a los piratas en el caso que quisieran desembarcar. Con premura entró Clave de Sol al salón.
- ¿Barítono, qué querrán ahora los piratas?
Este se giró sorprendido
- Ah, no lo se Clave de Sol. ¿De donde vienes con esa cara?
- Jamás te lo creerías. Cambiemos de tema. No me gusta nada esto. He observado movimientos muy extraños. Además Ritmo se va a enfurecer por no tomar parte de las decisiones de este momento. Nada mas llegue se va a poner como un opera.
- Si estuviera en su puesto de mando, no tendría que tomar yo las decisiones que le conciernes a el. Por cierto no te preocupes, que lo dejaré como un poema de suave. La ultima palabra la tiene la princesa, ni el ni yo. Y esta me ha autorizado el envío de los dos batallones. Yo también he visto algunos movimientos en el algo impropios.
- En ocasiones muchos soldados evitan cruzarse conmigo, otros no me miran a los ojos cuando les hablo. Parece como si tuvieran algo que ocultar. De todas formas estate prevenido. La Fanfarria puede ser un truco para alejar a la mitad las fuerzas de Harmonía.
- Cambiando de tema, me han comentado que estuviste fantástica.
- ¿Cuando?
- Ayer llegó Creador de Fantasía el Compositor.
Ella sonrió, luego se sonrojó.
- Así que cantantes para él.
- Si, el me lo pidió.
- Qué misterioso es este hombre. Nadie sabe cuando llega y cuando se marcha, ni la mismísima Princesa Armonía. Esta le trata como si fuera un padre. Además, es un misterio, todos creen que existe una tercera puerta, las Puertas Ding Dong.
- ¿Te habló de las Puertas Ding Dong? La última vez que lo vi, estuvo a punto de decirme la verdadera naturaleza de Ding Dong.
- ¿Y?
- Nada, es un secreto. Además transmite tal tranquilidad que no quise molestarle con mis preguntas.
- ¿Te dijo algo más?
- No, cuando se marchó, alzó la mano y brindó por mi voz.
- No esperaba menos de el. Además, tu voz, recuerda que es única-. Halagó con su profunda voz.
- Tonto, igual que la tuya. ¿No estarás celoso?
- ¿Yo? Anda, y ¿por qué lo iba a estar?
Ella de soslayo le sonrió
- ¿Qué tal va la Torre Tocata queda mucho por terminar? - Preguntó Barítono cambiando de tema.
- No, las obras van tal lo previsto, precisamente hoy creo que la terminarán.
- Excelente trabajo.
Las puertas del pequeño salón de invitados se abrieron de par en par. Ritmo entró muy enojado.
- ¡Por qué has ordenado el envío de los dos batallones sin mi permiso! ¡Yo soy el General!
- Discúlpame Clave de Sol.
Ella sonrió de nuevo.
Acto 8º: Novena Sinfonía
Una brizna de ligera lluvia comenzó a caer, las gotitas de lluvia al tocar las flores sonaban con tonos armoniosos, no era una melodía compuesta, sino el azar acariciando esos pétalos de rosas y jazmín quien hacía que se respirara un agradable olor musical, fragancia que envolvía los campos, las llanuras, los prados, prácticamente se podía ver la música por todo lugar donde te encontraras. Hoy el cielo estaba algo más hundido, algunos decían que los días más especiales es cuando el cielo azul estaba así, leyendas de otros cuentos narran que en aquellos días la Princesa era más feliz que nunca. Allá a lo lejos, en la Torre Tocata, los arquitectos tendrían mucho cuidado al construirla pues cualquier día se podrían topar con el final del cielo, o alzar los brazos y llegar más allá de las estrellas.
- Mirad, el cielo se está hundiendo -. Señaló Arpa.
- Ala! Hoy vie..viene Cre…creaaa…dor de Fan…fan..tasía.
Mamá sonrió.
- Si, hoy parece ser que está aquí. La princesa deberá de estar muy feliz.
- ¿Por qué, mamá?
- Porque Creador de Fantasía estará con ella.
- Y quien es esa persona.
- Es alguien que consuela y ayuda a la princesa y por consiguiente nuestro mundo.
- ¿Está triste la princesa?
- A veces sí.
- ¿Por qué?
- Porque hay personas que desean la tristeza a otros solo por ser así.
- Mamá, ¿esas persona son felices siendo tristes?
- Lo creen.
Arpa y Melopea seguía la conversación con atención mientras se comían esos bollitos tiernos de la mañana, de vez en cuando se distraían con alguna corchea que caía de las nubes, o si tenían mucha suerte podrían encontrar hasta una fusa. Un grupo de pequeños acordes en Do mayor paso volando por encima de Arpa esta abrió los ojos sorprendida, y con curiosidad las siguió con la mirada, de nuevo pasaron ante ella, luego se marcharon dando giros y piruetas, Arpa se levantó y con pasito lento siguió al grupo que volaba de flor en flor recolectando savia de las flores de aquellos prados, sin percatarse comenzó a alejarse del grupo y sin querer, como solo la curiosidad de un niño sabe hacer, llegó a la entrada de la cueva Eco. Allí paró, y observó la oscuridad de la misma, con recelo observó con atención, diferentes luces desde el interior la invitaba, de nuevo un grupo de acordes entró dentro de la misma, tras un momento dudó. El tercer grupo de acordes entró, luego otro grupo más y otro más, desde el fondo de la cueva comenzó a escucharse una pequeña composición musical, otro grupo de acordes entraron, tras estas Arpa les siguió.
Melopea fue a comentar algo a su compañera Arpa y quedó con la boca abierta. Con el ceño fruncido comió el último bocado de aquel rico bollito y se levantó, ese movimiento lo capto por el rabillo del ojo y alertó a mamá.
- Melopea, ¿dónde esta Arpa?
- No lo se. Ha desaparecido -. Explicó encogiéndose de brazos.
Después, mamá arregló el vestido de Melodía y Melopea luego el pantalón de Acordeón, que tuvieron que despertar pues se había quedado dormido junto a mamá.
- Veamos, ¿dónde se ha podido meter esta niña? – Dijo alzando la mirada de un lado a otro.
Mientras, Acordeón que aun estaba dormido y con la mente algo nublada observó algo que se le posó encima de nariz, los ojos se juntaron para ver lo que ante el se mostraba, Con el índice fue a tocarla y esta escapó, voló y voló tan rápido que se unió a otras como ella y comenzó a perseguirlas. Mamá alertada siguió al pequeño hasta que poquito a poco entendió que todos se dirigían a la cueva Eco. En ese momento lo comprendió todo.
- ¡Acordeón, Acordeón! -. Reclamó mamá.
Este seguía tras las notas musicales que cabalgaban en el viento.
- Niños, agarraos a mi mano.
Estos agarraron las manos de mamá y comenzaron a aligerar el paso.
- Venga, vamos a ver si podemos llegar antes que Acordeón a la cueva Eco.
- ¡Corramos! -. Dijeron los niños.
La cueva estaba muy, muy oscura. De vez en cuando un grupo de acordes pasaban junto a Arpa iluminándola de color azul noche. Revoloteaban y danzaban junto a ella en un sinfín de tonalidades que comenzaban desde el azul hasta el rojo, parecido a una fiesta de fuegos artificiales, y cada vez que profundizaba más aun en la cueva esta más clara se hacía. Poquito a poco se podía distinguir con las estalactitas a modo de semifusa dejaban caer gotitas de agua que al chocar contra el suelo se deshacían en infinidad de notas acompañándola en su viaje hacia el interior. La luz se hacía más clara, hasta que sorteó la ultima esquina y allí, en una gran cavidad, a modo de majestuoso teatro de espaldas a ella una mujer sobre un podio movía una batuta de aquí para allá, ordenando todas las corcheas, todas las fusas, ya fueran redondas, blancas o negras, a cada unidad de tiempo una unidad de compás le seguía y todas esas figuras no paraban de embaucar a la niña. Arpa, hipnotizada se sentó. De repente la habitación se fue oscureciendo y aquellas notas se fueron apagando, en cuestión de segundo la cámara quedó a oscuras. La música comenzó de nuevo, pero ahora no era alegre, era una composición triste. Arpa sacada del hipnotismo, comenzó a tener miedo. Aquello no le gustaba, el frío se apoderó de ella y comenzó a temblar, la poca luz era muy pobre y solo eran sombras unas sombras que le invitaban a la soledad y al llanto. Aquello que tocaba estaba carente de vida.
- Siempre creí que tocabas a la luz de la luna, Sonata.
Esta se giró, la música paró.
- ¿Qué haces aquí? -. Maldeció.
Mamá de Melodía alzó su batuta y comenzó a recoger las notas musicales que quedaron suspendidas en el aire y con hermosos gestos la habitación comenzó a tomar color.
- Veo que sigues asustando a los niños, al final harán un cuento de tus composiciones.
- ¡Las lágrimas! ¡Es lo más poderoso que existe! -. Dijo cerrando el puño izquierdo.
- ¿De unos niños? No te da vergüenza. Veo que sigues siendo la misma egoísta de siempre. ¿Por qué no intentas hacerme llorar a mí?
Sonata sarcásticamente sonrió.
- Ya lo harás. Acuérdate de lo que hoy te digo. Llegará un día que llorarás, y espero estar delante para poder verlo.
- Veo, que eso te alegraría bastante. Verme llorar.
- Daría la mitad de esencia por verte derramar tus lágrimas.
Mientras hablaban, Arpa ya se reunió con sus amigos tras mamá de Melodía.
- Acuérdate entonces, de lo siguiente. El día que llore, será el día más alegre de mi vida.
Sonata la miró profundamente a los ojos.
- Estas loca…
- Loca tu -. Interrumpió con tono burlón mientras sacaba la lengua Acordeón.
Aquel personaje rompió la tensión que se respiraba en el ambiente.
- ¿Quienes te acompañan? -. Preguntó malvadamente.
Acordeón con el pecho en alto dijo:
- ¡Arpa, Melopea, Melodía y yo, Acordeón!
Sonata inclinó la cabeza hacia la derecha y observó a la más pequeña del grupo, de nuevo agudizó la vista y observó a la niña que tras las faldas de la madre intentaba esconderse de aquella maquiavélica mirada.
- Tú, ¿eres Melodía? -. Preguntó malévolamente.
Esta al escuchar su nombre se ocultó tras la madre. Sonata desapareció con unas carcajadas que retumbaron en toda la cueva. Mamá ordenó a las notas musicales que iluminaran el camino hacia la entrada. Segundos después la luz de la mañana iluminó el rostro de aquel grupo. La sonrisa de los niños volvió a sus caras.
La ligera brizna de lluvia había caído en los prados y aun húmedos desprendían una inmensa frescura. El viento comenzó a soplar del sur y no fue lo único que trajo, en ese mismo instante, las sirenas del puerto sonaron. Mamá de Melodía frunció el entrecejo.
- Niños, venid aquí nos marchamos ahora mismo a Concierto.
- ¿Ya? Es muy temprano para ir al pueblo.
- Arpa coge de la mano a Acordeón, ven Melodía y tu Melopea. Nos marchamos ahora mismo a casa.
Los niños vieron en mamá el tono expresivo de preocupación, y sin hacer más preguntas los niños cogidos de la otra mano de mamá se dirigieron al pueblo a mayor velocidad. Llegando al mismo, ya se encontraban reunidos en Fuente Escala todos los vecinos, allí mamá dejo a cada hijo con su madre, el Alcalde del pueblo comentó la llegada de los piratas y las medidas de contingencia. Con esto previno al pueblo y los tranquilizó.
De nuevo en el pueblo, mamá de Melodía le sonrió para que no se preocupara de lo más mínimo y con estás tomo de la mano a su hija y se dirigieron al Palacio.
- ¿Donde vamos mamá? ¿Qué está ocurriendo?
- Algo va a suceder y todos se están preparando, pero no pasa nada hija. A ti no te harán nunca daño. Tú eres más importante que todo ellos.
- No te entiendo, hablas cosas muy raras.
Su madre sonrió.
- Mamá, ¿cuando vamos a ver a papa?
- ¿Quieres ver a papa?- Preguntó con una enorme sonrisa.
- ¡Si!
- ¿Seguro? ¿Crees que es el momento de verlo? – Preguntó arrodillándose a su altura.
- Si, si -. Dijo con una sonrisa de lado a lado.
Entonces mamá sacó una barita y comenzó a mover los brazos como si compusiera una obra musical, su hija la observaba como si hiciera magia con aquellas notas musicales que comenzaron a rodearlas; tonos, politonos, corcheas, octavas, etc. Y un largo y sinfín de notas llegaban de todos los sitios, momentos después desaparecieron de las afueras del pueblo. Para Melodía transcurrieron unos momentos fantásticos y sin darse cuenta aparecieron ante las puertas del Palacio de Harmonia, tal y como llegaron, se marcharon aquellas notas mágicas dejándolas solas frente a la guardia real. Allí cuando los soldados opera reconocieron a mamá de Melodía se cuadraron ante ella.
- Buenos días mamá de Melodía -. Contestaron inclinándose ante ellas.
- Buenos días caballeros -. Contestó de igual manera.
- ¿Podemos entrar?
- Están ustedes en su casa, por favor, adelante.
Las puertas inmensamente colosales, con hermosos dibujos se abrieron de par en par, allí, otros soldados acompañaron a la pareja ante la princesa Armonía, Barítono, Clave de Sol, Ritmo y otros presentes que comentaban sobre la Fanfarria. Melodía no paraba de ver de un lado a otro todos los colores con los que el Salón del Trono estaba decorado, sin darse cuenta, su mamá paró. En ese momento la princesa Armonía se levantó.
- Buenos días Novena Sinfonía.
- Buenos días Alteza.
- ¿Es esta niña, Melodía?
Melodía al escuchar su nombre giró y vio a la Princesa, con las mismas tiró suavemente del brazo de la madre para llamar su atención, esta se inclinó.
- Mamá, qué bonita es esa mujer.
Novena Sinfonía sonrió.
- Entiendo que si la niña está aquí es porque quiere ver a su padre. ¿No es así?
- Exacto, ha llegado la hora.
Ritmo, mientras todos los demás seguían la conversación, hizo un ademán a los soldados que custodiaban la puerta. Estas las dejaron seudo abiertas. Poco a poco y sin que ninguno de los presentes se percataran fueron posicionándose, en primer lugar Sonata tras una de las colosales columnas del auditorio, Réquiem hizo lo mismo al otro lado de la sala. Ambos con las miradas puestas sobre la conversación que mantenían en el trono observaban cada detalle y como iban a desenvolverse los acontecimientos. Con una impetuosa fuerza, las puertas se abrieron de par en par. Todos se giraron justo en el momento en el que Ritmo a una señal suya ordenaba que las volviera a cerrar. La princesa se levantó.
- ¡Rondó! ¿Qué haces aquí? ¿Qué manera son esas de entrar en el castillo?
- Cállate.
Todos quedaron sorprendidos ante tanta soberbia. Novena Sinfonía agarró el brazo de la pequeña que mirando a su madre comenzó a asustarse.
- Insolente, márchate de aquí ahora mismo -. Ordenó con su índice.
- Tú desde ahora ya no mandas sobre ese trono, y no podrás hacer nada por impedirlo. Hemos dejado fuera de juego a tu queridísimo almirante Vals, al guardián de la torre, Arpeggio. Sólo quedaban como obstáculo Solfeo y Silencio y ambos han derramado sus últimas lágrimas.
Clave de Sol y Barítono se adelantaron dejando claro que no le dejarían pasar más allá del límite, Rondó paró justo delante de ambos.
- ¡Qué hacéis insensatos! Observad a vuestro alrededor.
En ese momento se dejaron ver Réquiem y Sonata.
- ¡Vais a traicionar el trono de Harmonía! -. Espetó Clave de Sol.
- Nos haremos con el poder de la música.
- Sabes que lucharemos hasta el final. -. Continuó Barítono agarrando la batuta apunto de desenfundarla
- Dejadlo, no tenéis posibilidad alguna. Durante estos últimos momentos el mundo de Harmonía ha estado sufriendo como nunca, y lo mejor de todo es que no dejaremos a ninguno de vosotros con esencia.- Amenazó Rondó.
- Te advierto una cosa, cuando este mundo quede sin esencia ya no habrá razón de existir. Y todos desapareceremos como en un sueño. – Explicó Armonía.
- No digas tontería, nosotros crearemos una organización aún mejor.
- Creo que no lo comprendes, estáis causando mucho dolor y ese dolor…
Ritmo la interrumpió.
- …Y más que vamos a causar, hasta que el poder de la música no sea mío no pararemos de obtener las lágrimas. ¡Quiero todas las lágrimas de este mundo!
- ¿Sabes lo que ocasionaras cuando tengas todas las lágrimas? ¿Sabes que sucederá cuando no haya más dolor? Quizás te arrepientas de lo que estás haciendo -. Continúo la princesa.
En ese momento Réquiem y Sonata se posicionaron tras Rondó.
- Dejémonos de tonterías -. Dijo Ritmo.
Barítono y Clave de Sol se giraron.
Acto 9º: Las lágrimas de mamá
Ritmo, el General de Harmonia, sin que nadie lo esperara alargó su brazo y agarrando el cuello de Novena Sinfonía sonrió con desdén
- ¡Qué haces! - Dijo la princesa Armonía. - ¡Suéltala!
Ritmo alzó a la mujer en el aire y la mantuvo, la fuerza de aquel hombre era impresionante. Novena Sinfonía no pudo articular palabra y soltó la mano de la pequeña.
- ¿Mamá?
Clave de Sol, corrió tan deprisa como sus piernas pudieron, de un salto agarró a la niña y la retiró de aquella escena tan triste.
- La pequeña te la puedes quedar, yo solo quiero las lágrimas de Sinfonía.
Con gesto despreciable observó aquella sala con soberbia. Nadie quiso osar tocar al General. La princesa Armonía se acercó y enfrentándose cara a cara con Ritmo, le abofeteo la cara.
- Soy la princesa de Harmonía. ¡Te ordeno que la sueltes ahora mismo!
Por unos segundos soltó a Sinfonía y de un arrebato agarró por el cuello a la princesa, comenzando a crujir su cuello.
- Aghhh. Me.... vas...a mmaaatarrr....
No terminó la frase cuando dos lágrimas resbalaron por las mejillas de la princesa. En ese mismo instante y sin que nadie supiera de donde salió, la hermosa y cruel Partitura salió corriendo y tomando las lágrimas de la princesa las guardó en un tintero.
- ¡Las tengo! ¡Ritmo! ¡Las tengo!
La princesa quedó dormida y poco a poco comenzó a desvanecerse. La tierra tembló fuertemente bajo los pies de todos.
Sinfonía que aun intentaba recuperar el aire intentó eludir el brazo de Ritmo sin suerte. Este de nuevo la alzó en el aire, pero la presión ejercida sobre el cuello fue lo suficientemente leve como para mantener una conversación
- Dame tus lágrimas.
- ¿Pa…..para que las quie……….res?
- Soy Ritmo, y ahora poseo las lágrimas de Armonía, solo me faltan las tuyas, ¡Sinfonía! - La madre sonrío -. ¿Qué haces? ¿Por qué sonríes? Sin duda alguna te estas volviendo loca. - Ritmo dejó de apretar más aun el cuello.
- Soy Novena Sinfonía, y teniendo a mi hija siempre verás en mí una sonrisa, me sentiré siempre muy feliz al tenerla.
- Ella no es nada, es una niña.
- Es mi hija, mi alegría.
El General, dudó unos segundos. Barítono advirtió.
- ¡Clave de Sol! ¡Corre! Dirígete hacia el pasillo Obertura, ¡toma a la niña y márchate a las Puertas de Harmonía!
- Solo necesito tus lágrimas para tener todo el poder de este mundo. Sinfonía, Ritmo y Armonía, ¡el poder y la esencia de la Música serán míos! – Prosiguió el General estrangulando a la madre.
Novena Sinfonía lloró dos lágrimas mientras sonreía.
- No te comprendo Sinfonía, ¿estas sonriendo?
Partitura tomó las lágrimas de Sinfonía, y justamente después la madre se quedó dormida como hiciera momentos antes la princesa Armonía. De nuevo el suelo tembló más fuerte que la anterior y rápidamente Partitura comenzó a dibujar sobre una partitura que luego entregó sobre las manos del General, y allí esperaron durante unos segundos.
- ¡Por qué no siento el poder! Dime Partitura, ¡no siento el poder de la Música!
En ese mismo momento el General enmudeció dirigiendo la mirada hacia Partitura.
- Melodía, la clave es Melodía… ¡no Sinfonía! – Espetó esta que dirigió malévolamente su mirada sobre la pequeña.
Dicho esto, Ritmo ordenó a los soldados opera que atraparan a la niña.
- ¡Idiotas! ¡Atrapad a la niña! ¡Os lo ordeno!
Cuando el General mandaba a todos sus soldados, observó que ninguno de sus lugartenientes obedecían sus ordenes, pero lo que más le extrañó fue que Ronda, apareciendo de la nada, estaba junto a su hermano Rondó susurrándole al oído algo que lo dejó en una negación absoluta pues cuando Réquiem y Sonata fueron a capturar a la niña, Rondó con sus brazos los detuvo. El General de nuevo observó a Rondó que silenciosamente movía la cabeza negando su locura.
Barítono se dirigió tras del trono, bloqueando el paso con su fuerza a aquellos soldados que acataron el mandato del General. Ninguno pudo atravesar aquel hombre tan fuerte.
Ritmo desenfundó su batuta y se dirigió hacia Barítono. A pocos centímetros de este le amenazó.
- ¡Déjame pasar, quiero a la niña, quiero su esencia! ¡Su vida!
- La niña saldrá por las puertas de Harmonía, y encontrará a su padre. Una vez que traspase el pasillo Obertura verá un mundo mayor que este.
- ¡Maldición! Si no me dejas pasar atravesaré tu corazón con esta batuta y obtendré tu esencia musical. ¡Quiero el poder de la niña!
Barítono agarró el brazo que sostenía la batuta de su oponente y miró a Clave de Sol que allá corría con la pequeña, luego mirando a los ojos del General se atravesó su propio corazón.
- ¡Idiota! ¡Qué estás haciendo! – Observó - Da igual, eres el dueño de tu destino, tú sabrás lo que haces con tu vida.
Aquel ministro vestido de negro se giró de nuevo y viendo a la niña junto a las puertas de Harmonía sonrió.
- La niña lo va a conseguir, Clave de Sol, dirá qué tiene que hacer. - Dijo sonriendo a Ritmo -. Luego derramando sus lágrimas comenzó a desaparecer.
- ¡Nooooooooooooooooo! ¡Quita de en medio!¡Por qué estáis todos sonriendo! pero ¡qué os está pasando a todos!
El General como pudo retiró la batuta del corazón de Barítono y lo sorteó corriendo para atrapar a la niña. Partitura muy avispada tomó las lágrimas de Barítono y las guardó. La tierra volvió a temblar. Allá al fondo la pequeña escuchaba atentamente lo que Clave de Sol le decía.
- Melodía, nada mas cierre las puertas ¡grita con todas tus fuerzas!
- ¿Así vendrá papa? – Preguntó con esos grandes ojos.
- Grita todo lo que tus fuerzas puedan.- Suplicó.
- ¿Y mamá? ¿Vendrá?
- Mamá está dormidita, te prometo que la cuidaré hasta que tú vuelvas. Grita con todas tus fuerzas. Recuérdalo. – Suplicó mientras le acariciaba el pelo en un acto de consuelo.
- Tengo miedo, ¿estaré sola?
Clave de Sol se giró y miró al General que a pocos metros se acercaba. Y con angustioso consuelo pronunció:
- Nunca estarás sola. Toma esto. – Clave de Sol le entregó algo sobre sus pequeñas manos que luego cerró fuertemente. – Esto es para que te acuerdes de nosotros. Ahora corre y grita con todas tus fuerzas para que venga papá, ¿lo harás? ¡Prométeme que lo harás! ¡Prométemelo! -. Dijo mientras cerraba las Puertas de Harmonía. Luego, con la niña a salvo se giró y observó a un furioso General, con firme paso, rostro tenso y respirando con profunda tranquilidad.
- ¿Por qué lo has hecho? - El General con tensa cólera le agarró el cuello y la elevó.
- Pa..para salvar a Me…Melodía.
- ¡Necesitaba sus lágrimas! ¿Es que no lo comprendes?
- ¿Las de una pe…pequeña? ¿Te atre….verías a matar a una ni…..niña?
- Me atrevería a todo por conseguir el poder de la Música -. Dejó de apretar el cuello.
- Tan estúpido eres que no has abierto aun los ojos. ¿No sabes quién es la niña en realidad? ¿Tanto poder te ha cegado que no has entendido nada de esta historia? ¿No comprendes que todo nuestro mundo gira alrededor de ella?
- Nuestro mundo es Harmonía, y los pilares de la Música se sustenta bajo tres esencias, Armonía, Ritmo y Melodía. Si tengo esas tres esencias seré la persona más poderosa del mundo.
- ¿De qué mundo, General? ¿Te has parado a pensar, qué es lo que hay tras las Puertas de Harmonía? ¿Alguna vez has mirado al cielo y contemplado más allá de las estrellas? La vida es como los actos de una obra de teatro, interpretamos el papel que nos han asignado.
- No te entiendo -. Comentó con sembrada duda.
- Todos los que vivimos en este mundo daríamos nuestras lágrimas y con ello nuestra esencia por la pequeña, y Partitura con las lágrimas que hemos ido derramando todos nosotros no ha hecho más que ir componiendo la obra más hermosa de todas.
- ¡Partitura nunca me traicionaría! Nació sin esencia.
- Todos hemos hecho posible que Melodía atraviese las Puertas y tú has sido la clave en esta historia. ¿No te das cuenta que matándonos a todos has acelerado tu propia destrucción?
Ritmo se acercó al rostro de ella e indefensa le atravesó el corazón creyéndose vencedor. Antes de expirar su último aliento, Clave de Sol, como pudo se acercó a su oído y le susurró.
- La niña nacerá, y todo te lo debemos a ti.
Momentos después ella también quedaba dormida con una eterna sonrisa.
El General quedó paralizado, incrédulo negando aquel comentario, su batuta cayó. Luego, derrotado se arrodilló y golpeó fuertemente las colosales puertas, quedando atrapado en Harmonia. Tras este llegó la hermosa Partitura que posando su mano sobre el hombro del General intentó consolarlo. Luego sacó su tintero esperando que Clave de Sol derramara unas lágrimas que nunca llegaron a salir. Quedando extrañada terminó de componer su obra con las lágrimas de Barítono. Impregnadas estas en el papel y compuesta ya su obra, fue a entregárselas al General que de un manotazo la despreció cayendo y rodando por el suelo. Instantes después una inmensa sacudida hizo tambalear toda Harmonia. Resignados, ambos salieron del castillo donde se unieron a Sonata, Réquiem y Rondó que contemplaban como su mundo comenzaba a desvanecerse, allá lejos el majestuoso mar comenzaba a retroceder y vaciarse. El cielo a punto de anochecer mostraba unas hermosas auroras musicales.
Tras las puertas, Melodía, observó como un hermoso y gran destello de luz inundó la habitación donde se encontraba. Lo más que pudo hacer en su triste soledad fue cerrar los ojos para más tarde comenzar a llorar.....
Acto final: Buenos días Princesa
El padre tomó a su hija entre sus brazos.
- Bienvenida al mundo.
Momentos después, la niña se quedó dormidita.
Melodía había dejado de llorar.
Dicen, que lo único que ha creado perfecto el ser humano
ha sido, la vida y la música.